Por: Pablo O. Grimberg
Lo que alguna vez se consideró un capítulo cerrado en los libros de historia de la medicina, hoy vuelve a acechar los pasillos hospitalarios. En el año 2000, Estados Unidos había declarado la erradicación del sarampión, una enfermedad peligrosa que durante décadas fue sinónimo de graves secuelas infantiles. Sin embargo, el éxito de las campañas de vacunación se ha visto empañado por un retroceso inesperado: el virus ha vuelto, y no por una mutación biológica, sino por una crisis de confianza en la ciencia.
Las estadísticas son reveladoras. El regreso del sarampión en territorio estadounidense ha sido acelerado. De los 285 casos reportados en 2024, la cifra escaló dramáticamente a más de 2,200 pacientes en 2025. Según los expertos, para que una comunidad esté protegida contra este virus, se requiere una cobertura de vacunación del 95%. Al caer por debajo de este umbral, el patógeno recupera su virulencia.

Ciencia vs. Política: El factor desinformación
La reaparición del brote en una potencia mundial no responde a la falta de recursos, sino a la influencia de discursos antivacunas y la injerencia política. La gestión de figuras como el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., ha sido señalada por debilitar los consensos científicos mundiales. En este escenario, queda claro que mientras la ciencia orienta, es la política la que decide; y cuando los intereses particulares prevalecen sobre el bien común, la salud pública queda en riesgo.
“La ciencia orienta, pero no decide: esa responsabilidad recae en la política. Cuando se ignoran las recomendaciones científicas, el bienestar de los más vulnerables se ve comprometido”.
El contraste peruano
A diferencia de la crisis en Norteamérica, Perú registró solo cuatro casos de sarampión en 2025, todos ellos de origen importado. El país ha logrado evitar que el virus circule de forma endémica gracias a la sostenibilidad de sus políticas de prevención y altos porcentajes de cobertura. Esta brecha demuestra que un sistema de salud con menos recursos puede ser más resiliente si mantiene la confianza de la población en la inmunización.
La lección que deja este fenómeno, al igual que ocurrió con la pandemia del COVID-19, es la urgencia de fortalecer el diálogo entre el conocimiento académico y la toma de decisiones gubernamentales. Ignorar esta premisa no solo es un error político, sino un peligro latente para las futuras generaciones.

Riesgos críticos: Las 10 complicaciones más graves del sarampión
De no aplicarse la vacuna, los niños quedan expuestos a cuadros clínicos que pueden derivar en fatalidades o secuelas permanentes:
- Neumonía: Principal causa de muerte asociada al virus.
- Encefalitis: Inflamación cerebral con riesgo de daño neurológico.
- PESS: Enfermedad cerebral progresiva y mortal que aparece años después del contagio.
- Ceguera: Daño ocular severo vinculado a la deficiencia de vitamina A.
- Dificultad respiratoria: Riesgo inminente de fallo multiorgánico.
- Deshidratación grave: Provocada por cuadros intensos de diarrea y vómitos.
- Convulsiones: Derivadas de fiebres altas o afectación neurológica.
- Sangrado inusual: Trombocitopenia con riesgo de hemorragias mortales.
- Somnolencia extrema: Indicador crítico de afectación del sistema nervioso.
- Fiebre persistente: Señal de infecciones secundarias potencialmente letales.