La ciudad de Pisco, en la región Ica, recibió el Año Nuevo 2026 con un acto que rápidamente se volvió viral: la quema de un muñeco gigante que representaba a Keiko Fujimori, lideresa de Fuerza Popular y candidata presidencial por cuarta vez.
El evento se desarrolló en el sector de Leticia, donde decenas de vecinos y visitantes se congregaron para presenciar cómo una figura de más de 10 metros de altura era consumida por las llamas en plena vía pública, apenas pasada la medianoche.
Una tradición local con fuerte carga política
La quema del muñeco formó parte de una tradición local de fin de año, asociada a la idea de cerrar ciclos y dejar atrás tensiones acumuladas. Sin embargo, en esta ocasión, el ritual adquirió un marcado contenido político, en medio del inicio formal de la campaña rumbo a las elecciones generales de 2026.
Desde horas previas, la estructura se convirtió en el principal punto de atención del barrio. Familias completas y curiosos acudieron para observar y fotografiar la figura, que destacaba no solo por su tamaño, sino por su clara alusión a la excandidata presidencial.
Videos virales y debate en redes sociales
Las imágenes de la quema se difundieron rápidamente en redes sociales, donde generaron reacciones divididas. Mientras algunos usuarios interpretaron el acto como una expresión simbólica de descontento ciudadano, otros cuestionaron el uso de figuras políticas en celebraciones públicas.
Más allá de la polémica, el evento volvió a poner en debate el rol de las manifestaciones populares como termómetro del clima político y social en el país.
Los detalles del muñeco de Keiko Fujimori
El muñeco estaba vestido con ropa naranja, color característico de Fuerza Popular, y llevaba una gran letra “K” en el pecho. Los artesanos cuidaron cada detalle: cabello negro lacio, rasgos faciales reconocibles y una cola de rata de más de ocho metros, elemento que reforzó el carácter satírico de la figura.
Por sus dimensiones, la estructura requirió el uso de una grúa para su instalación, lo que la convirtió en una de las figuras más grandes registradas en la región Ica durante estas festividades.
Para los organizadores, el muñeco representó una crítica simbólica a la clase política, más que un ataque personal, y una forma de canalizar expectativas de cambio de cara al nuevo año.
Keiko Fujimori y su cuarta postulación presidencial
Keiko Fujimori vuelve al escenario electoral tras la admisión oficial de su plancha presidencial para los comicios de 2026. La fórmula está integrada por Luis Galarreta y Miguel Torres como candidatos a las vicepresidencias, luego de que el Jurado Electoral Especial de Lima Centro I confirmara el cumplimiento de los requisitos legales.
Será la cuarta vez que Fujimori busca llegar a Palacio de Gobierno, en un contexto de fragmentación electoral y alta indecisión ciudadana.
Según la última encuesta de Ipsos, publicada el 22 de diciembre de 2025, ningún candidato supera el 10% de intención de voto. Rafael López Aliaga lidera con 10%, seguido por Keiko Fujimori con 7%, mientras que el voto blanco, viciado y la indecisión concentran un porcentaje significativo.
Investigaciones judiciales y escenario político tenso
En paralelo a su candidatura, Fujimori continúa vinculada a controversias judiciales. El fiscal José Domingo Pérez solicitó que no se acate el fallo del Tribunal Constitucional que anuló el caso Cócteles, alegando irregularidades en la sentencia.
La defensa de la lideresa, encabezada por Giuliana Loza, sostiene que la resolución del TC es definitiva y que no existe proceso penal pendiente. Estas tensiones legales se suman a una carrera política marcada por la polarización y el debate sobre el legado del fujimorismo.
Un antecedente reciente: la quema de Dina Boluarte en 2024
La quema de muñecos con figuras políticas no es nueva en Pisco. En el Año Nuevo 2024, un muñeco de Dina Boluarte, entonces presidenta de la República, fue incendiado en el mismo sector de Leticia.
Aquella figura, de siete metros de altura, incluía referencias a polémicas nacionales como un reloj Rolex gigante y billetes de diez soles, y reflejaba el bajo nivel de aprobación de la mandataria en ese momento.
Tras años de interrupción por el terremoto que afectó la zona, la tradición fue recuperada por jóvenes del barrio como una forma de expresión ciudadana, crítica política y catarsis colectiva, consolidando a Pisco como un escenario recurrente de este tipo de manifestaciones simbólicas.