Las promesas rimbombantes vuelven al centro del discurso político. Esta vez, Rafael López Aliaga, líder de Renovación Popular, asegura que el Perú se convertirá en una “potencia turística” si llega a la Presidencia. El anuncio aparece en un nuevo plan de gobierno, distinto al documento que su partido presentó ante el Jurado Nacional de Elecciones, y revive el estilo discursivo que ya marcó su paso por la Municipalidad de Lima.
El cambio de libreto no pasa desapercibido. Durante su campaña municipal, López Aliaga prometió convertir a la capital en una “potencia mundial”, un lema que quedó atrapado en la retórica electoral. Ahora, en clave nacional, el foco se traslada al turismo como motor de crecimiento económico y símbolo de modernidad.
La meta: más turistas, menos detalles
Según el nuevo planteamiento, el Perú pasaría de recibir cerca de 4 millones de turistas internacionales en 2025 a 10 millones en 2031. Para ello, el candidato habla de un “shock de inversiones” en infraestructura vial, aeroportuaria, hotelera y gastronómica, además de una mayor promoción internacional del país.
Sin embargo, el documento evita explicar cómo se ejecutará ese shock, qué entidades lo liderarán, qué presupuesto se asignará o qué proyectos concretos se priorizarán. La propuesta se queda en generalidades: mejorar conectividad aérea, marítima y terrestre; digitalizar procesos migratorios y aduaneros; y reducir barreras para el ingreso de visitantes extranjeros.
Infraestructura, pero ¿con qué recursos?
El turismo es, sin duda, un sector estratégico. Antes de la pandemia, representaba alrededor del 4% del PBI y generaba cientos de miles de empleos directos e indirectos. No obstante, especialistas advierten que duplicar o triplicar el flujo turístico exige inversiones sostenidas, planificación territorial, seguridad ciudadana y estabilidad política, factores que no se resuelven con anuncios de campaña.
El plan tampoco aclara si las inversiones provendrán del Estado, de asociaciones público-privadas o de capital extranjero, ni cómo se compatibilizarán con las restricciones fiscales y el contexto económico actual. La promesa suena ambiciosa, pero carece de un cronograma verificable.
El antecedente del “Dubái peruano”
No es la primera vez que López Aliaga recurre a este tipo de anuncios. En 2025, propuso convertir la Costa Verde en una suerte de “Dubái sudamericano”, impulsado por turismo de cruceros y grandes proyectos inmobiliarios. Según explicó entonces, sus viajes a Medio Oriente buscaban atraer inversión extranjera para ese fin.
La idea generó titulares, pero también escepticismo. Hasta ahora, no se ha materializado ningún megaproyecto de esa magnitud en la franja costera limeña, más allá de planes y maquetas. El nuevo ofrecimiento turístico parece seguir la misma lógica: impacto mediático primero, viabilidad después.
Conflictos de interés bajo la lupa
Otro elemento que reaparece en el debate es la vinculación empresarial del candidato con el sector turístico. López Aliaga mantiene inversiones en negocios hoteleros y ferroviarios en Cusco, una de las principales regiones receptoras de visitantes. Para algunos analistas, esto podría plantear potenciales conflictos de interés si llegara al poder y definiera políticas públicas que beneficien directamente a ese rubro.
Aunque el candidato no ha respondido a estos cuestionamientos en detalle, el tema suele emerger cada vez que el turismo ocupa un lugar central en su discurso.
Promesas que se acumulan
La propuesta turística se suma a una larga lista de ofrecimientos controversiales. En materia de seguridad, López Aliaga ha hablado de cárceles en la selva “custodiadas” por la geografía, grilletes electrónicos para migrantes irregulares y la salida del sistema interamericano de derechos humanos. En el plano económico, ha planteado desde una criptomoneda estatal hasta la compra de oro informal por parte del Banco de la Nación.
Para críticos, el patrón es claro: anuncios de alto impacto, escasa explicación técnica y un tono desafiante que busca diferenciarlo del resto del escenario político.
Estrategia electoral más que plan de Estado
El politólogo Eduardo Salmón resume la lógica detrás de este tipo de discursos: generar atención, marcar agenda y consolidar una base electoral conservadora y contestataria. En un contexto de desafección política, las frases grandilocuentes funcionan como atajos comunicacionales.
Así, el salto de “Lima, potencia mundial” a “Perú, potencia turística” parece menos un cambio de visión y más una adaptación del eslogan al nuevo escenario electoral. El libreto cambia, la estrategia permanece. La pregunta de fondo sigue abierta: ¿promesa realizable o, una vez más, solo un titular de campaña?