En nuestra entrega anterior respaldamos la llegada del general César Astudillo Salcedo al Ministerio del Interior. Sin embargo, enfatizamos que la crisis de inseguridad exige mano dura, firmeza y decisiones radicales de inmediato. Advertimos con claridad tres pilares innegociables: liderazgos militar y policial verdaderamente operativos y desplegados en las calles —menos escritorio y más presencia estratégica—, un sistema de inteligencia interinstitucional que interopere eficazmente, ágil e implacable, y la aplicación obligatoria del polígrafo para depurar sin miramientos a los malos elementos de las fuerzas del orden. Frente a una delincuencia que mata a diario, el Estado no puede actuar con tibieza.
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