Jordi Segarra Tomas, el controvertido andorrano asesor de campañas presidenciales, se vende como uno de los estrategas políticos y gubernamentales más reconocidos del mundo. En el brochure digital de 22 láminas que envía a sus potenciales clientes presume que ha sido mencionado por la revista Campaings & Elections como uno de “los 10 mejores consultores políticos del mundo”. Dice que ha participado en cientos de proyectos de inteligencia, estrategia y management en 30 países, incluyendo 65 campañas para gobernaturas y alcaldías y 29 elecciones presidenciales en África, América, Asia y Europa.
Entre sus principales asesorados menciona a Barak Obama, Nicolás Sarkozy, Mariano Rajoy, el ecuatoriano Lenin Moreno, los dominicanos Leonel Fernández y Luis Abinader, el guatemalteco Alejandro Giammattei y los andorranos (paraíso financiero donde ejerce nacionalidad) Marc Forné y Antoni Martí y, por supuesto, el peruano Pedro Pablo Kuczynski. El polémico Segarra asegura con precisión matemática que el 93,62 % de sus asesorías políticas han sido exitosas. Que nueve de cada diez de sus clientes candidatos llegaron a la cumbre del poder.
Ya conoce la plaza peruana
Jordi Segarra no es un desconocido en el Perú. En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 2016, llegó traído por la banquera Susana de la Puente Wiese para reforzar la estrategia de campaña de PPK, que se enfrentaba a Keiko Fujimori. El andorrano, con menos años de vida y varios kilos de menos, desplazó al modesto Maximiliano Aguiar, un argentino provinciano que fue llevado por Mercedes Aráoz al equipo de PPK por recomendación de Ana Celia Ames Tineo, esposa del exministro de Educación Jaime Saavedra, con quien compartían cátedra en un diplomado de marketing político en ESAN. Jordi pidió una suite en un hotel de cinco estrellas e instaló su equipo en una elegante oficina del Centro Empresarial de San Isidro.
Obviamente sus emolumentos no eran nada modestos, una cifra que Susana de la Puente guardó con celo extremo probablemente porque los que la pagaron solicitaron absoluta discreción. Aunque el consultor cuenta el ajustado triunfo de PPK en el 2016 como una de sus asesorías exitosas, el equipo de PPK recuerda que tuvo que aceptar la asesoría informal de Gustavo Gorriti y Rosa María Palacios, que prepararon a Kuczynski para el segundo y definitivo debate con la joven Fujimori que se había impuesto en el primer enfrentamiento.
En el media training que le hicieron al candidato, Gorriti le sugirió la famosa frase “tú no has cambiado pelona, eres la misma”, y Palacios hizo de Keiko para entrenar las reacciones de PPK. La profesora de ética periodística Rosa María Palacios, ese domingo del segundo debate presidencial del 2016, participó como analista en TV Perú alabando la performance de Kuczynski sin advertirles a los televidentes que, horas antes, lo había entrenado.

Negociaciones fallidas y sorpresivo contrato
Una década después, ya con 46 años de edad, Jordi Segarra reapareció ofreciendo sus servicios a Carlos Álvarez, el accidental candidato del partido País Para Todos (PPT), del exalcalde de Huaraz Vladimir Meza. El exministro y actual candidato al Senado por PPT Juan Sheput participó en las negociaciones preliminares con el equipo de Segarra y ha revelado que desistieron de contratarlo porque solicitaba un pago de entre 900 000 y un millón de dólares. Es la tarifa usual de un asesor como el andorrano, que se vende como un top ten del mundo.
Desestimada su asesoría al cómico Álvarez, Segarra ha reaparecido como el flamante estratega del candidato de Ahora Nación, un partido que ha reunido a varios actores de la izquierda peruana y que se presenta como modesto y ciudadano.
Segarra aterrizó en el aeropuerto Jorge Chávez el miércoles 28 de enero último. Se identificó con pasaporte andorrano declarando que ingresaba como turista. Dio como lugar de hospedaje un edificio signado con el número 815 de la avenida 28 de julio, en Miraflores.




La opacidad de López-Chau
Alfonso López-Chau es el único candidato presidencial que ha podido contratar a un estratega que juega en las grandes ligas del marketing electoral del mundo. No es alguien que cobre menos de un millón de dólares. No es un simple asesor de campaña. Se vende como un verdadero estratega con una descripción elocuente: “No somos militantes ni nos movemos por un color determinado pero sí tomamos partido y sólo trabajamos con clientes a quienes votaríamos. No somos una agencia de comunicación ni de publicidad ni de redes sociales. No somos un gabinete de prensa ni de relaciones con medios. No somos una casa encuestadora ni una firma de asesoría en imagen”.
Cuando el programa Contracorriente de Willax informó sobre la presencia de Segarra en el equipo de López-Chau, su vocero y candidato Carlo Magno Salcedo lo negó en una entrevista televisiva. Nadie quería aceptarlo, quizá porque no tenían explicación válida para contarnos de dónde salió el dinero para contratarlo. Hasta que López-Chau y Segarra fueron ampayados juntos en el aeropuerto Jorge Chávez a punto de embarcarse a Huamanga como parte de una gira por la sierra sur del país.
El problema para el exrector de la UNI es que su estratega no solicitó permiso de trabajo cuando ingresó al país. Tampoco sabemos si está pagando impuestos por trabajar y cobrar de un partido político peruano.
El reportero Juan Carlos Chamorro lo encontró en el aeropuerto a su regreso de su gira por Ayacucho y Apurímac junto con López-Chau. Este último no quiso explicar cómo contrató a Segarra ni quién pagaba la cuenta. Solo atinó a decir: “Yo no tengo ni mil soles”. El andorrano, en cambio, algo alterado dijo que había sido contratado por una empresa con domicilio en Estados Unidos, al parecer la compañía Blackstring, LLC, que es de su propiedad, para brindar servicios de estrategia y management político a Ahora Nación en la primera vuelta.
Que no necesitaba permiso de trabajo y que, si el periodista seguía insistiendo, se iba a quejar ante la Embajada estadounidense porque estaban hostigando a una empresa americana. Sobre el precio de su consultoría, Segarra alcanzó a decir que el contrato establece un pago total de 175 000 dólares por tres meses y medio de campaña. El monto incluye vuelos internacionales y, suponemos, también alojamiento y comida en el Perú. Pero Jordi Segarra Tomas no cobra 50 000 dólares por mes.






Tampoco busca protagonismo en los países donde trabaja, pero en esta corta, rara e intensa campaña ha desplazado algunos días en titulares a su asesorado no solo porque Ahora Nación no ha declarado pago alguno por sus servicios ante la ONPE —aunque es una obligación—, sino porque Segarra ha sido investigado por presunto lavado de dinero en México por una asesoría a un candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), el partido que en el siglo pasado gobernó 71 años México con un sistema de cooptación institucional tan exitoso que Mario Vargas Llosa no dudó en llamarlo dictadura perfecta.
Por ahora, no sabemos si Jordi Segarra terminará la primera vuelta asesorando a López-Chau, porque la Superintendencia Nacional de Migraciones ha iniciado una investigación preliminar por su irregular estadía y no se descarta su expulsión. Jordi ha violado las leyes migratorias peruanas. Y no sabemos si las tributarias también. Tampoco se ha revelado quién paga sus honorarios.
La especulación más consistente es que sus servicios estarían siendo pagados por MORENA, el partido en el Gobierno de México, fundado por Andrés Manuel López Obrador, quien dejó en la Presidencia a Claudia Sheinbaum. No es un dato menor que López-Chau ha realizado estudios de maestría y doctorado en la UNAM, reconocida como la cuna de la izquierda mexicana, donde también construyó estrechos vínculos y contactos.
Escribe: CARLOS PAREDES









































