El verano siempre ha sido una estación propicia para empezar algo nuevo. Un curso, un proyecto, una decisión largamente postergada. En el Perú, cada vez más, aprender un idioma se cuela en esa lista de resoluciones: no como pasatiempo, sino como una apuesta estratégica en un mundo que se achica y se acelera.
El inglés sigue siendo la puerta de entrada. Clásico, casi inevitable. Pero no suficiente. Hoy el abanico se amplía: francés, chino mandarín, portugués, alemán, incluso polaco. El mapa de oportunidades ya no se concentra en un solo idioma, y quienes lo entienden temprano juegan con ventaja.
EL TECHO SIGUE ALTO
Los números revelan una paradoja. El inglés está presente en la currícula escolar, se enseña en colegios públicos y privados, y forma parte del discurso aspiracional del país. Sin embargo, solo alrededor del 4 % de los peruanos lo domina a nivel avanzado. Muy poco para una economía que busca insertarse en cadenas globales, atraer inversión y exportar talento.
A la vez, la demanda laboral cuenta otra historia. Los profesionales con inglés avanzado son hasta un 20 % más solicitados en el mercado, acceden a mejores posiciones y pueden obtener salarios hasta 50 % más altos, según diversos estudios. En otras palabras: el idioma no es un accesorio, es un factor de diferenciación real.
El ranking EF EPI 2025 confirma una mejora relativa del Perú –puesto 52 a nivel global–, pero también subraya el desafío pendiente. Avanzamos, sí, pero lento.
COLEGIOS, BRECHA Y REALIDAD
La percepción de las familias es clara. Una encuesta del ICPNA de este año entre padres de niños y adolescentes reveló que el 86 % considera insuficiente la enseñanza del inglés en los colegios, y un 68 % la califica directamente como “definitivamente insuficiente”. La razón es estructural: pocas horas, baja intensidad y escasa práctica real, sobre todo en la educación pública.
El resultado es conocido: jóvenes que egresan del colegio con nociones básicas, pero sin la fluidez necesaria para usar el idioma en la universidad o el trabajo. No sorprende, entonces, que ocho de cada diez egresados de programas formales de inglés terminen usándolo en su jornada laboral. El idioma aparece cuando la realidad lo exige.

MÁS ALLÁ DEL INGLÉS
El mundo, sin embargo, ya no gira solo en inglés. El portugués se vuelve clave por Brasil; el chino por comercio e inversión; el alemán por industria y tecnología; y lenguas menos obvias – como el polaco– empiezan a aparecer en circuitos académicos y culturales específicos. La lógica es clara: cada idioma abre un ecosistema. El multilingüismo, además, no solo mejora la empleabilidad. Estudios recientes muestran que hablar varios idiomas mantiene el cerebro activo, fortalece la memoria y retrasa el deterioro cognitivo. No es casual que figuras globales como Shakira dominen seis idiomas: no es exhibicionismo, es herramienta de supervivencia en escenarios internacionales.
FRANCÉS: EL IDIOMA QUE ABRE PUERTAS A 2026
En un Perú que se internacionaliza a ritmo desigual –por aspiraciones académicas, ambiciones profesionales o proyectos de vida más amplios– la formación lingüística dejó de ser un adorno curricular para convertirse en un activo estratégico. “El francés no es solo un idioma, es un espacio de influencia”, señala Frédéric Robinel, director de la Alianza Francesa en Lima. Y no exagera. Se habla en más de 30 países, en todos los continentes, y sigue siendo lengua de trabajo en organismos internacionales y sectores clave como la diplomacia, la cooperación, el comercio exterior, la hotelería, la gastronomía, la ingeniería, la moda, las ciencias sociales y las artes. En un contexto donde el inglés se ha vuelto casi universal, Robinel lo resume con claridad: “El segundo idioma es el que realmente marca la diferencia”.
UNA LLAVE PARA ESTUDIAR, MIGRAR E INTEGRARSE
En los últimos años, Francia y el mundo francófono se han consolidado como destinos cada vez más atractivos para los peruanos. Universidades de prestigio, programas de doble titulación, redes de investigación y una vida cultural intensa convierten estas rutas en opciones altamente competitivas. En ese escenario, acreditar un nivel de francés deja de ser un trámite. “Llegar con el idioma ya incorporado cambia por completo la experiencia”, explica Robinel. “No solo facilita los estudios: da autonomía, reduce a incertidumbre y permite integrarse mucho más rápido”. El idioma funciona como una verdadera llave de acceso, no solo a la universidad, sino a la vida cotidiana y profesional. La ventaja no se limita a Francia. En Canadá, especialmente en Quebec, Bélgica, Suiza y otros territorios francófonos, el francés es determinante para acceder a estudios superiores, empleos calificados y procesos de integración social. “Hoy las trayectorias ya no son lineales ni nacionales”, apunta Robinel. “Quien domina más de un idioma amplía radicalmente su campo de acción”.


TALENTO MÁS COMPETITIVO, INCLUSO SIN SALIR DEL PAÍS
Aprender francés no implica necesariamente hacer maletas. En el Perú, el dominio de más de un idio - ma marca una diferencia clara en la empleabilidad. Empresas con redes europeas, embajadas, ONGs, instituciones educativas, cadenas hoteleras y proyectos culturales buscan perfiles capaces de moverse con soltura en entornos multiculturales. Pero hay un efecto menos visible y más profundo. “El aprendizaje del francés desarrolla una relación muy precisa con el lenguaje”, sostiene Robinel. Comprensión lectora avanzada, pensamiento estructurado, capacidad de análisis y claridad comunicativa se vuelven competencias transversales. En un mercado laboral que exige síntesis, criterio y adaptabilidad, esas habilidades pesan tanto como cualquier conocimiento técnico.
UN IDIOMA QUE SE VIVE
Desde la Alianza Francesa, el enfoque es claro: aprender un idioma no es memorizar reglas, sino construir un puente. “Un idioma no se adquiere solo estudiándolo”, insiste Robinel. “Se aprende viviéndolo: escuchándolo, conversándolo, equivocándose y volviendo a intentar”. Por eso el aprendizaje va más allá del aula. Metodologías comunicativas, docentes certificados y un ecosistema cultural activo buscan que el francés no sea una lengua abstracta, sino una experiencia concreta, humana e intelectual. “Cuando el idioma se vuelve parte de la vida del estudiante, el aprendizaje se acelera”, explica.
EL MOMENTO DE DECIDIR
Diciembre y el verano suelen ser el tiempo de las decisiones silenciosas: qué estudiar, cómo prepararse, hacia dónde proyectarse. En un país donde el dominio de idiomas sigue siendo bajo, el margen de mejora es enorme. El techo está alto. Apostar por el francés –junto al inglés– no es un lujo ni una excentricidad cultural. Es, como subraya Robinel, “una decisión estratégica para quienes quieren participar activamente del mundo que viene”. El 2026 no empieza el próximo año. Empieza ahora, con las herramientas que cada uno decide incorporar.













































