El fallecimiento de Alfredo Bryce Echenique, a los 87 años, ha dejado un vacío profundo en la narrativa latinoamericana. Desde la mañana del martes 10 de marzo, los restos del célebre escritor son velados en la antigua Casona de San Marcos, ubicada en el Parque Universitario del Cercado de Lima. Este histórico recinto, símbolo de la vida académica y cultural del país, fue el lugar elegido para rendir tributo a quien fuera una de las voces más irónicas y entrañables de la Generación del 60.
Al velatorio han asistido destacadas personalidades del ámbito intelectual, entre ellos los escritores Fernando Ampuero y Gustavo Rodríguez, además de autoridades universitarias y representantes de la Casa de la Literatura Peruana. El ambiente en la Casona es de sobrio recogimiento, permitiendo que colegas y amigos cercanos despidan al autor que, con humor y melancolía, retrató las contradicciones de la oligarquía limeña y las peripecias del antihéroe peruano en Europa.
Respecto al destino final de sus restos, fuentes cercanas a la familia confirmaron que se respetará la última voluntad de Bryce Echenique: su cuerpo será cremado y sus cenizas serán esparcidas en el mar. Aunque no se ha detallado la fecha exacta de esta ceremonia privada, los preparativos avanzan según lo estipulado por el autor de La vida exagerada de Martín Romaña.
La partida de Bryce Echenique cierra un capítulo dorado de nuestras letras. Ganador del Premio Planeta y el Premio FIL de Literatura, su legado sobrevive en obras imprescindibles como Tantas veces Pedro y No me esperen en abril. Como señaló Álvaro Vargas Llosa en un emotivo mensaje de despedida, su obra lo sobrevivirá sin duda alguna, permaneciendo como un referente ineludible de la lengua española.