La noche del sábado 18 de julio, un sismo de magnitud 5,1 sacudió la región Junín y dejó un saldo preliminar de cinco fallecidos, al menos 21 heridos y más de 300 damnificados, según el más reciente balance del Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci). El epicentro se ubicó siete kilómetros al sur de Chupaca, a una profundidad de 24 kilómetros, aunque el mayor impacto se concentró en el anexo de Pumpunya, distrito de Chongos Bajo, donde colapsaron decenas de viviendas de adobe y piedra.
Las brigadas de rescate trabajaron durante toda la madrugada entre los escombros mientras los sobrevivientes pasaban la noche a la intemperie, enfrentando temperaturas cercanas a los cuatro grados. La emergencia obligó al despliegue de personal del Ministerio de Salud, el Ejército, la Policía Nacional y Defensa Civil, mientras continúa la evaluación de daños en las comunidades más afectadas.
El sismo también dejó importantes daños en infraestructura pública. Centros de salud registraron grietas estructurales, se reportaron interrupciones del servicio eléctrico y varias carreteras quedaron parcialmente bloqueadas por deslizamientos. En Chongos Bajo, además, colapsó la histórica Cani Cruz, un monumento de más de cinco siglos considerado parte del patrimonio cultural de la localidad y símbolo de su identidad religiosa.
Las autoridades nacionales se desplazaron a la zona para coordinar la atención de la emergencia y el envío de ayuda humanitaria, mientras especialistas continúan inspeccionando viviendas y edificaciones públicas para determinar el alcance real de los daños. El desastre vuelve a poner en evidencia la vulnerabilidad de muchas poblaciones andinas, donde predominan construcciones tradicionales que ofrecen escasa resistencia frente a movimientos sísmicos, en un país ubicado sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico, una de las zonas de mayor actividad sísmica del planeta.