El exviceministro de Energía y Minas Pedro Gamio estimó que la reparación del ducto de Camisea podría tomar hasta dos semanas, tras la deflagración registrada en Megantoni, Cusco. El incidente obligó a suspender temporalmente el transporte de combustibles por razones de seguridad, afectando tanto el sistema de líquidos como, por proximidad, el ducto de gas seco.
En declaraciones a Canal N, Gamio explicó que la paralización de ambas operaciones fue necesaria para garantizar un monitoreo técnico riguroso y evitar nuevos riesgos. La infraestructura es operada por la Transportadora de Gas del Perú (TGP), que mantiene el sistema bajo inspección mientras se determina la causa raíz de la fuga.
Supervisión técnica y plazos de reparación
Según el especialista, el restablecimiento del flujo normal dependerá de las evaluaciones que realice el organismo regulador Osinergmin, encargado de fiscalizar el cumplimiento de las normas técnicas y de seguridad. Solo tras concluir estas verificaciones y ejecutar las reparaciones necesarias se podrá reanudar el transporte hacia la costa.
Gamio subrayó que se trata de una infraestructura crítica para el país, por lo que los plazos deben priorizar la seguridad y la confiabilidad del sistema, incluso si ello implica mantener restricciones temporales en el abastecimiento.
Impacto del racionamiento en el mercado energético
Actualmente, el racionamiento de gas natural prioriza el consumo residencial y el uso vehicular mediante GNV. En contraste, el sector industrial y la generación eléctrica han dejado de recibir el recurso, una situación que obliga a las empresas generadoras a utilizar diésel para sostener la producción de energía.
Este cambio, advirtió Gamio, incrementa de manera significativa los costos de generación, con posibles efectos en la cadena productiva y en los precios finales. La contingencia, añadió, pone en evidencia la fragilidad del sistema ante la interrupción del ducto principal que transporta el gas desde Camisea.
Limitaciones de almacenamiento y logística
El exviceministro también apuntó a la limitada capacidad de respuesta del país frente a emergencias de este tipo. Si bien el Perú cuenta con la infraestructura de Melchorita, el traslado de gas hacia el mercado interno depende de camiones criogénicos con volúmenes restringidos, lo que dificulta cubrir una demanda a gran escala cuando el ducto se encuentra fuera de operación.
Esta dependencia logística reduce el margen de maniobra del sistema energético y complica la atención simultánea de los sectores residencial, industrial y eléctrico.
Propuestas para fortalecer el plan de contingencia
Ante este escenario, Gamio planteó reforzar el plan de respaldo energético mediante el aprovechamiento del litoral peruano. La propuesta incluye el uso de barcos de menor escala y la instalación de unidades de regasificación en al menos tres puertos estratégicos, lo que permitiría contar con una fuente alternativa de suministro frente a fallas estructurales en la selva o la sierra.
El especialista consideró que esta estrategia ayudaría a diversificar riesgos y reducir la dependencia de un solo eje de transporte, especialmente en contextos de emergencia.
Presión internacional y costos del combustible
Gamio advirtió además que el contexto internacional añade presión al mercado local. El Perú es importador neto de combustibles, con una demanda superior a los 250 mil barriles diarios de crudo. El aumento del precio del petróleo Brent, por encima de los 80 dólares, eleva los costos internos, especialmente cuando el país carece de inventarios críticos suficientes.
Según indicó, decisiones recientes del Ministerio de Energía y Minas han dejado al sistema más expuesto a choques externos, como el ocurrido en Cusco, agravando los efectos económicos de la contingencia.
Vulnerabilidad energética en debate
La emergencia en el ducto de Camisea ha reabierto el debate sobre la seguridad energética del país y la necesidad de contar con planes de contingencia más robustos. Para Gamio, el episodio demuestra que el Perú requiere inversiones estratégicas y una planificación integral que permita responder con mayor resiliencia ante eventos inesperados.
Mientras avanzan las labores de reparación y fiscalización, el racionamiento seguirá marcando el pulso del mercado energético nacional, con impactos directos en la industria, la generación eléctrica y los costos de producción.