Lo que debería ser un destino de descanso para miles de limeños se ha transformado en un territorio bajo el control del hampa. Una investigación periodística del programa Panorama ha revelado el “lado oscuro” de los balnearios del sur de Lima, donde la organización criminal “Los Characatos” ha privatizado de facto los espacios públicos. Desde la playa Venecia hasta El Silencio, este grupo impone tarifas arbitrarias por el estacionamiento en vías públicas y hasta por el derecho a ocupar la arena.
La modalidad de operación de esta banda se basa en la intimidación directa. Bajo la fachada de “particulares”, los sujetos exigen pagos de 10 soles por vehículo y montos variables por el alquiler de sombrillas y sillas, los cuales aumentan de forma repentina una vez que el veraneante se ha instalado. Los testimonios recogidos dan cuenta de un sistema de cuotas donde incluso los comerciantes informales deben pagar “por cabeza” para poder trabajar en la zona bajo la amenaza de violencia.
Narcotráfico a la orilla del mar
El dominio territorial de “Los Characatos” no se limita a la extorsión patrimonial. El reporte documenta con crudeza cómo la venta de estupefacientes se realiza a plena luz del día y bajo la modalidad de delivery hasta la misma orilla del mar. Sujetos vinculados a la organización ofrecen marihuana y otras sustancias con total naturalidad, integrando la venta de drogas al mismo circuito de cobros por servicios playeros.
En los registros audiovisuales se observa cómo los mismos individuos que gestionan los estacionamientos actúan como nexos para la venta de sustancias, operando con una impunidad que se extiende por varios kilómetros de litoral. “Ustedes alinéense, paguen su nota y chambeen tranquilos”, es una de las frases que resume la ley impuesta por esta red criminal.
Vacío de autoridad en el litoral
La proliferación de estas mafias responde a una crítica ausencia de fiscalización municipal y policial. Veraneantes y vecinos de los balnearios del sur denuncian que, a pesar de la recurrencia de estos incidentes, la presencia de agentes del orden es nula. Esta falta de intervención ha permitido que los delincuentes delimiten zonas con objetos físicos, repartiéndose la playa como si se tratara de propiedad privada.
Hasta el momento, las municipalidades involucradas no han emitido un pronunciamiento oficial sobre el plan de seguridad para recuperar estos espacios públicos, mientras el miedo se normaliza entre quienes buscan disfrutar del verano a menos de una hora de la capital.