El auge del café de especialidad en América Latina ha creado una paradoja: mientras baristas urbanos compiten en campeonatos, los agricultores indígenas que cultivan los granos que ganan medallas rara vez acceden a ese mundo donde se define el verdadero valor del producto. Esa distancia comenzó a romperse esta semana con la llegada de un pequeño grupo ashéninka a Pucallpa.

Del corazón del Gran Pajonal a la barra
Los cuatro jóvenes ashéninkas que llegaron desde Chengari y Catoteni, comunidades del remoto Valle del Gran Pajonal, crecieron acompañando a sus familias en las chacras. Pero esta vez no viajaron para ferias técnicas ni capacitaciones agrícolas: llegaron a aprender el tramo más invisible y mejor pagado de la cadena —el barismo—, donde un grano de 15 soles puede transformarse en una bebida de 250.
Durante 30 días, recibirán un entrenamiento intensivo en cata, calibración de espressos, manejo de máquinas y métodos de filtrado en Manu Café, la primera cafetería de especialidad de Ucayali y hoy un referente de profesionalización del café amazónico.
“Queremos que ellos conozcan el valor real del café que producen sus familias”, explica Manuel Ramos, fundador del establecimiento y uno de los impulsores del programa. El plan incluye además una asignación económica para garantizar su estadía completa en Pucallpa.

Una alianza que busca cerrar una brecha histórica
La iniciativa es fruto de una articulación poco común entre el Gobierno Regional de Ucayali, a través de la Gerencia Territorial de Atalaya, el SERNANP y ECOSIRA, administrador de la Reserva Comunal El Sira. El diagnóstico de fondo es claro: mientras el café amazónico se comercializa en Lima y el extranjero bajo etiquetas de origen y sostenibilidad, los productores indígenas siguen lejos de capturar el valor generado al final de la cadena.
“Hay una desigualdad enorme entre quien cultiva y quien sirve el café”, resume Ramos. “Este programa busca que ellos puedan defender, explicar y preparar su propio producto. Eso cambia todo”.
En los próximos días se sumarán dos jóvenes más, completando un grupo de seis participantes que por primera vez tendrá acceso a una formación que antes solo existía en las capitales.

Café con retorno: lo que llevarán de vuelta al Gran Pajonal
Al cierre del mes de formación, los jóvenes realizarán prácticas en los locales de Manu Café. Pero el objetivo no es solo convertirlos en baristas: es devolver conocimiento estratégico a sus comunidades.
En representación del grupo, Anderzon Capcha Castro lo resume con claridad: “No venimos solo a aprender a servir café. Venimos para regresar y enseñar. Para que nuestro café tenga otra historia”.
Ese es, justamente, el giro que busca la iniciativa: que el café indígena deje de viajar solo como materia prima y que sean los propios jóvenes ashéninka quienes lleven el valor agregado de vuelta al Gran Pajonal, esta vez desde la barra.
