La Lima de Arguedas: Mestiza y Global

por Edgar Mandujano
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Si antaño alguien dijera que “El Perú era Lima, Lima el Jirón de la Unión, el Jirón de la Unión el Palais Conçert”, estaba descaminado porque en los años 20 y 30 del siglo pasado, la capital peruana, lejos de representar al país, vivía de espaldas al mismo. Pero en la actualidad sí es una ciudad integradora de todas las etnias y nacionalidades.

Esta Lima mestiza resuelve las controversias sobre su identidad, tanto de aquellos que la han endiosado como de aquellos que la han satanizado. Su concepción actual marcha aparejada a las distancias establecidas entre el “Perú de españoles” considerado superior y el “Perú de indios”, vilipendiado como inferior. En su visión se confabulan la belleza del entorno geográfico, la fertilidad de sus suelos como el chauvinismo español que buscaba hacer de esta ciudad la sede su hegemonía en el virreinato hispano más fuerte de Sudamérica. Pasa a ser “La Reina de los Mares del Sur”, “La tres veces coronada villa” y a inicios de la República será “La Perla del Pacífico”, “Ciudad Jardín”, considerándose como la gran y única realización de la aristocracia que ha dirigido los destinos del país y “Novia del Perú”, a entender del vals criollo de Mario Cavagnaro “Lima de novia”.

Fue, además de capital, a ser la sede de la administración de la explotación intensiva de recursos naturales de todo el virreinato. Lima se convirtió en el punto de salida de las riquezas peruanas hacia la península europea y, por tanto, protagonista de una economía de exportación en una capital mestiza en donde convivían blancos, criollos, mestizos, indios, negros, amén de moros, chinos, japoneses y europeos a granel, lo que nunca frenó el fuerte racismo. Hoy, se afianza como una gran ciudad andinizada y global a la vez.

Su alto grado de inversión térmico impide ver más allá del horizonte o de nuestras narices por su alta nubosidad, lo que para Unanue justificó el carácter atontado y perezoso de los limeños y/o la vida entre la molicie y la rebeldía revolucionaria. Juan de Arona dirá que Lima es “ un dulce malestar de enero a enero y un estarse muriendo todo el año”.

Quien mejor ha retratado su mestizaje y lo ha planteado a nivel de utopía realizable, ha sido José María Arguedas desde la novela “Agua” hasta la obra última, “El zorro de arriba y el zorro de abajo” pregonando un mestizaje en el que el ingrediente andino fuera vital. La expresión “Todas las sangres” es el mejor retrato no solo de Lima sino del Perú integral, país dotado de una amplia multiculturalidad. Lo cholo es el mejor retrato de la ciudad y del país, mientras que la noción de mestizaje propio de la generación del 900 o arielistas (José de la Riva Agüero, los hermanos García Calderón, Víctor Andrés Belaúnde) preconizaba la hegemonía blanca hispana.

Los cholos actuales son producto de la fusión cultural del mundo andino con la cultura criolla urbana, de la que nace una tercera identidad, la identidad chola. Sin embargo, se mantiene el ancestro, como lo atestiguan los 10,000 clubes provincianos en Lima, las costumbres originarias en las yunzas, bailes, sabores, música, lenguaje,

EL DESBORDE POPULAR

El desborde de los excluídos, tras la segunda guerra mundial, cambia el rostro del Perú y de Lima. La migración, el hecho social más importante del siglo XX, litoraliza la población nacional, más urbana que rural. La migración, producto del desborde popular, que no se sentía representado por el marco institucional del Perú oficial ha marchado hacia la costa repoblándola. Un Perú profundo, concepto acuñado por Jorge Basadre y retomado por Arguedas ha retratado su oposición con los cauces del Perú oficial que no lo representa. Este desborde popular andiniza la ciudad, la ruraliza, a entender de José Matos Mar en un país de casi 30 millones de ciudadanos.

El desborde popular, la oposición entre el Perú oficial y el Perú profundo, hacen de esta ciudad, ya no una ciudad excluyente del resto del país sino la Lima de los Reyes, Chávez, Quispe como decía Rolando Arellano con diversas formas de adecuarse a la ciudad: las conservadoras, los tradicionales, emprendedores, sobrevivientes, trabajadoras, sensoriales, adaptados, afortunados, progresistas.

Hoy, ese carácter excluyente tiene poco asidero ante una capital que es el crisol de todas las sangres. La capital es la más grande de nuestro sistema de ciudades y probablemente sea la ciudad serrana mayor del país.

ALIMENTOS Y AGUA: DOS GRANDES PROBLEMAS

Pero no todo es tan idílico. Junto con El Cairo (Egipto), son dos ciudades ubicadas en pleno desierto. La capital tiene menos de 5,000 hectáreas para regar y abastecer de alimentos a una ciudad de más de diez millones de habitantes, lo que la coloca en una situación difícil. Ni los valles del norte chico (Casma, Huaral, Pativilca, La Fortaleza, Huacho, Chancay, Supe) ni los del sur chico (Lurín, Chilca, Mala, Asia, Cañete) se dan abasto para alimentarla, pese a que son buenos suelos. Depende sobre todo de la sierra central.

Si lo principal es lograr la supervivencia de sus moradores, su destino no está asegurado, no solo por estar en un desierto sin agua sino porque los grandes bolsones de agua están lejanos. Tanto la Cuenca del Amazonas como la cuenca del Altiplano, las principales reservas de agua del país, nos hacen ver que el fenómeno migratorio radicado en el litoral, no tiene perspectiva. La población se ha asentado en una faja costera sin agua.

Ya no basta que las aguas vengan de las alturas cordilleranas como otrora ya que el calentamiento global ha propendido al deshielo. El río Rímac, su principal abastecedor de agua, recibe con déficit el suministro hídrico de las precipitaciones pluviales de las zonas alto andinas, del deshielo de glaciares, de represas (Yuracmayo, Huascacocha y Antacoto) y 16 lagunas embalsadas; su caudal actual, se va secando afectando la demanda de 10 millones de habitantes y obligando a usar depósitos de agua de acuíferos subterráneos cuyos volúmenes van en disminución.

Hay que considerar que más de 2.5 millones de pobladores carecen de agua en asentamientos humanos y un millón debe usar camiones cisternas a mayores costos que los que tienen acceso de red pública.

Lima, vista en perspectiva, puede colapsar si solo sigue las condiciones cíclicas y la inercia de dotación de agua y de lluvias en los andes. Incluso la contaminación del río Rímac es otro punto en contra.

El megapuerto de Chancay habrá de cambiar altamente la densidad poblacional de la costa peruana y de todo el país. Crecerá este valle y se repartirá la población por todo su entorno a donde migrarán en busca de trabajo. Los chinos, que han elegido a Chancay en su estrategia expansiva de franja y ruta de la seda sólo están pensando en agua para el puerto pero será la ciudad la que sufrirá de la falta del líquido elemento.

Urge a las autoridades pensar la capital dentro de un plan estratégico y no solo inmediato, un real Plan de Lima Metropolitana, que reubique cuencas, planifique trasvases, limpie y mejore los embalses y represas, organice el tratamiento de aguas residuales o construya plantas desalinizadoras entre otras medidas. Lo inmediatista ya no es solución sino está en lo estratégico la visión correcta.


*Director de imagen institucional de la Universidad Ricardo Palma.

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