El gesto espontáneo del pontífice al reconocer la rojiblanca volvió a poner en evidencia el vínculo pastoral y personal que forjó durante décadas de servicio en territorio peruano.
Un momento fuera del guion marcó el recorrido del papa León XIV entre los fieles en el Vaticano. En medio de saludos breves y bendiciones rápidas, una bandera del Perú alzada desde la primera fila captó su atención y provocó una reacción inmediata: el pontífice detuvo la mirada, sonrió ampliamente y dejó ver una emoción difícil de disimular.
La escena, registrada por cámaras y teléfonos móviles, se difundió rápidamente entre comunidades peruanas dentro y fuera del país. Para muchos fieles, el gesto confirmó una cercanía que no responde solo a símbolos, sino a una historia personal profundamente ligada al Perú.
El gesto que rompió la rutina del saludo papal
El recorrido transcurría con normalidad hasta que el rojo y blanco sobresalieron entre la multitud. La reacción del papa León XIV sorprendió incluso a quienes lo acompañaban: su expresión cambió, el saludo se prolongó y la sonrisa fue evidente.
El gesto fue interpretado como una señal clara de identificación con un país que marcó su vida religiosa y pastoral. No se trató de un saludo más, sino de una respuesta cargada de memoria y afecto.
Una historia forjada en el Perú
Mucho antes de ser elegido papa, Robert Francis Prevost llegó al Perú en 1985 como misionero. Su primer destino fue Chulucanas, en la región Piura, donde se desempeñó como vicario parroquial y canciller.
En 1988 fue enviado a Trujillo, ciudad en la que asumió responsabilidades clave dentro de la Orden de San Agustín: prior de la comunidad entre 1988 y 1992, director de formación durante diez años y maestro de profesos entre 1992 y 1998. Ese periodo consolidó su papel como formador y guía espiritual.
Su paso por el país no se limitó a tareas internas de la Iglesia. Prevost mantuvo un contacto directo con comunidades locales y con la realidad social peruana, una experiencia que influyó de manera decisiva en su visión pastoral.
Nacionalización peruana y proyección internacional
Tras años de trabajo en la Orden Agustiniana, Prevost fue elegido prior general a nivel mundial, cargo que ejerció entre 2001 y 2013. Posteriormente, el 26 de septiembre de 2015, el papa Francisco lo nombró obispo de Chiclayo.
Ese mismo año, obtuvo la nacionalidad peruana por naturalización, reforzando un vínculo que ya era profundo y sostenido. Desde entonces, su identificación con el Perú ha sido constante y reconocida por la comunidad católica local.
De Chiclayo al Vaticano
El 8 de mayo de 2025, durante la cuarta votación del segundo día del cónclave, el cardenal Prevost fue elegido sucesor del papa Francisco y asumió el nombre de León XIV. Su elección despertó especial atención en el Perú, donde su trayectoria pastoral era ampliamente conocida.
A sus 69 años, el actual pontífice cuenta con una sólida formación académica: bachiller en Ciencias Matemáticas por la Universidad Villanova y doctor en Derecho Canónico por la Universidad Angelicum de Roma, con mención “magna cum laude”. Domina varios idiomas, entre ellos español, francés, italiano y portugués.
“Es un agustino muy, muy renombrado”, señaló el periodista especializado en temas católicos Kurth Mendoza, en declaraciones a RPP, una apreciación que acompañó su perfil incluso antes de llegar al papado.
La emoción mostrada ante la bandera peruana en el Vaticano conectó su presente como líder de la Iglesia católica con un pasado marcado por años de servicio en el Perú, un país que sigue presente en su memoria y en sus gestos públicos.