El Colegio Cardenalicio se reunió en la Santa Sede los días 7 y 8 de enero para un consistorio extraordinario marcado por la ausencia del cardenal peruano Juan Luis Cipriani. El purpurado, primer miembro del Opus Dei en alcanzar dicha dignidad, no participó en las sesiones tras las estrictas sanciones impuestas en su contra, que incluyen el exilio de Perú y la prohibición de portar insignias cardenalicias o emitir declaraciones públicas debido a una denuncia de abuso sexual.
A pesar de que Cipriani fue avistado en Roma días antes del evento, vistiendo una sotana negra sin los símbolos propios de su cargo, su silla permaneció vacía en el encuentro a puerta cerrada. De los 245 miembros del Colegio Cardenalicio, 170 asistieron a la convocatoria de León XIV, quien centró el debate en la reforma de la Curia, la sinodalidad y la crisis de abusos en la Iglesia.
El firme mensaje de León XIV
Durante la sesión final, el Papa León XIV adoptó una postura de confrontación directa frente a la gestión histórica de la pederastia dentro de la institución. En un discurso que resonó ante los purpurados, el Pontífice lamentó que la Iglesia haya “cerrado la puerta” a las víctimas, agravando el daño original mediante la falta de acogida y escucha.
“Muchas veces el escándalo en la Iglesia se debe a que no se acogió a las víctimas ni se les acompañó con la cercanía de auténticos pastores”, afirmó el Papa, enfatizando que el dolor de los sobrevivientes se intensifica ante la indiferencia jerárquica.
Reformas y tensiones litúrgicas
El consistorio no solo abordó los abusos, sino que también sirvió como foro para discutir la Constitución Apostólica y la reforma de la estructura vaticana tras el fallecimiento de Francisco. Asimismo, se debatieron puntos de fricción entre sectores conservadores y reformistas, especialmente en torno a la liturgia y la celebración de la misa en latín.
Al cierre del foro, León XIV instó a los cardenales a trasladar un mensaje de apertura y empatía a los obispos de todo el mundo. El Pontífice recordó el testimonio de una víctima para subrayar que la falta de escucha por parte de la alta jerarquía es, en ocasiones, tan dolorosa como el abuso mismo.