Cada 25 de febrero se celebra el Día Internacional del Implante Coclear, fecha que resalta los avances médicos en el tratamiento de la sordera. En este contexto, el Instituto Nacional de Salud del Niño San Borja (INSNSB) realizó con éxito dos cirugías de implante coclear a niños diagnosticados con sordera congénita. Los beneficiarios fueron Lia S. P., de Bagua Grande, Amazonas, y Enzo D. C., de Chiclayo, Lambayeque, quienes ahora podrán acceder a la percepción auditiva gracias a la intervención.
Un equipo multidisciplinario al servicio de la audición
Los procedimientos estuvieron a cargo de un equipo especializado liderado por el Dr. Francis Martínez Samaniego, cirujano certificado en las cuatro principales marcas de implantes cocleares del mundo. El INSNSB cuenta con un Centro Audiológico Especializado, que integra especialistas en otorrinolaringología, neurología, pediatría, genética, audiología, fonoaudiología, psicología y terapia del lenguaje. Tras la cirugía, los niños iniciarán terapias auditivo-verbales para desarrollar el habla y fortalecer sus habilidades cognitivas y sociales.
Esperanza y emoción de las familias
Los padres de los menores expresaron su emoción por los resultados. Judith Castro García, madre de Enzo, señaló: “La operación del implante coclear es un gran avance para que mi hijo pueda escuchar y empezar a comunicarse. Es una alegría y una esperanza para nosotros”. Por su parte, Yenifer Pachamora Fernández, madre de Lia, destacó la importancia de la activación del implante, que se realizará en un mes: “Estamos muy felices y esperanzados por la mejora en la calidad de vida de mi hija”.
Impacto del implante coclear en el Perú
El implante coclear es un dispositivo electrónico que reemplaza la función de la cóclea, transmitiendo los sonidos al nervio auditivo y al cerebro. Desde 2018, el INSNSB ha realizado 120 implantes en niños, cuatro de ellos este año. En el Perú, de cada mil nacimientos, cinco niños presentan algún grado de pérdida auditiva y dos desarrollan sordera profunda. La colocación temprana del implante, idealmente antes de los cinco años, es clave para el desarrollo del lenguaje y la integración social de los menores.