Los mercados de Lima enfrentan una situación de incertidumbre económica derivada de la crisis energética que afecta el suministro de combustible. El aumento en el precio del Gas Natural Vehicular (GNV) y otros combustibles ha provocado una escalada en los costos de productos esenciales, reportándose incrementos significativos en el pollo, las verduras y el balón de gas doméstico.
En centros de abasto como el mercado Santa Rosa, en Chorrillos, el precio del kilogramo de pollo ha escalado hasta los S/ 13, mientras que insumos fundamentales de la dieta diaria como la papa, el camote, la cebolla y el limón muestran alzas de entre 50 céntimos y un sol por unidad o kilogramo. Esta tendencia no solo afecta al consumidor final, sino también a la logística de distribución; los comerciantes reportan que el costo del transporte de mercancías se ha duplicado, pasando de un promedio de S/ 15 a hasta S/ 30 por servicio de movilidad interna.
Impacto en la demanda y los restaurantes
La respuesta del consumidor ante esta coyuntura ha sido contundente. Los vendedores reportan una caída en las ventas que oscila entre el 30% y el 50%, debido a que los clientes se muestran renuentes a pagar los precios elevados. Esta retracción del consumo amenaza la sostenibilidad de los pequeños comercios, que se ven obligados a ajustar sus precios para cubrir los gastos logísticos.
El sector restaurantero es otro de los más vulnerables. El alza combinada en los insumos y el precio del balón de gas —que en distritos como San Miguel llega a comercializarse entre los S/ 100 y S/ 110— ha vuelto inviable mantener los precios de los menús populares. Los propietarios señalan que el margen de ganancia se ha reducido al mínimo, ante la imposibilidad de trasladar todo el costo al cliente.
Expectativas de normalización
A pesar de la tensión en el sector, los proveedores mayoristas han manifestado que se espera una estabilización gradual del abastecimiento en los próximos días. La comunidad comercial mantiene la expectativa de que, al regularizarse la oferta de combustible, se produzca un descenso progresivo en los precios; sin embargo, la situación sigue marcada por la volatilidad y la preocupación ciudadana ante el alto costo de vida.