La reciente emergencia registrada en el sistema de transporte de gas de Camisea ha encendido las alarmas en el mercado energético peruano. La deflagración ocurrida en el ducto operado por Transportadora de Gas del Perú (TGP) interrumpió el flujo de líquidos de gas natural (LGN), insumo clave para la producción de Gas Licuado de Petróleo (GLP), combustible que utilizan millones de familias en el país a través del tradicional balón de gas doméstico.
La interrupción del suministro ha generado preocupación entre especialistas del sector energético y representantes de la industria, quienes advierten que el impacto podría sentirse en el precio del GLP que llega a los hogares. En el Perú, más de 8 millones de viviendas dependen del balón de gas para cocinar, especialmente en regiones donde el gas natural por red domiciliaria aún no está disponible.
Impacto inmediato en la producción de GLP
El ducto afectado transporta cerca de 80 mil barriles diarios de líquidos de gas natural desde la zona de Camisea hacia la planta de fraccionamiento de Pisco, donde se procesan para producir aproximadamente 42 mil barriles diarios de GLP.
Este combustible es fundamental para el abastecimiento del mercado nacional, ya que alrededor del 70% del GLP que consume el Perú proviene del gas de Camisea. La interrupción del flujo ha obligado a suspender temporalmente parte de la producción y ha reducido la disponibilidad del producto en el mercado.
Ante este escenario, la empresa Pluspetrol, operador del Consorcio Camisea, informó que la producción de GLP en la planta de Pisco se encuentra paralizada mientras se evalúan medidas para mantener el abastecimiento utilizando inventarios disponibles.
Aunque la compañía ha indicado que continúa atendiendo la demanda mediante las reservas existentes, especialistas advierten que estas solo permitirían cubrir el mercado por un periodo limitado si la emergencia se prolonga.
Racionamiento y retrasos en la cadena de suministro
La menor disponibilidad de GLP ya comienza a generar tensiones en la cadena de abastecimiento. Plantas envasadoras y distribuidores reportan mayores tiempos de espera para cargar cisternas en los terminales de despacho.
Según representantes del sector, una cisterna que antes podía cargar combustible en aproximadamente 14 horas ahora puede tardar entre dos y tres días, debido al aumento de la demanda y a la reducción del suministro.
Esta situación incrementa los costos logísticos y abre la puerta a un posible aumento en el precio del balón de gas, un producto considerado esencial para millones de familias.
Actualmente, el precio del balón de GLP de 10 kilos se ubica en Lima entre 55 y 60 soles en el mercado minorista, aunque en plantas envasadoras puede encontrarse a precios menores. Sin embargo, si el suministro no se normaliza rápidamente, los analistas advierten que el costo podría incrementarse en los próximos días.
Más de 8 millones de hogares dependen del balón de gas
El impacto potencial de la crisis energética es considerable. De los más de 34 millones de habitantes del Perú, solo alrededor de 2 millones de hogares cuentan con gas natural domiciliario, principalmente en Lima y algunas ciudades cercanas.
Esto significa que la mayoría de la población depende del GLP en balones para cocinar y realizar otras actividades domésticas.
En regiones fuera de la capital, el acceso a este combustible es aún más crítico, ya que el transporte y la distribución encarecen el producto. En muchos casos, el balón de gas puede superar ampliamente el precio registrado en Lima.
Los especialistas advierten que si el mercado enfrenta escasez o racionamiento, el impacto se sentirá con mayor fuerza en provincias, donde existen menos alternativas energéticas.
Transporte y electricidad también enfrentan presiones
La crisis en Camisea no solo afecta al mercado del GLP doméstico. El corte en el suministro de gas natural también repercute en el transporte y la generación eléctrica, sectores que dependen de este recurso energético.
El Ministerio de Energía y Minas ha dispuesto medidas de priorización del suministro para garantizar el abastecimiento a los hogares y al transporte público masivo, como el Metropolitano, que opera con Gas Natural Vehicular (GNV).
Sin embargo, se han establecido restricciones para taxis, vehículos particulares, mototaxis y transporte de carga, lo que afecta a miles de conductores que utilizan este combustible por su menor costo.
El impacto también alcanza al sistema eléctrico. Aproximadamente 40% de la electricidad que se produce en el Perú se genera con gas natural, por lo que las restricciones han obligado a activar centrales térmicas que operan con diésel, un combustible más caro.
Este cambio en la matriz de generación podría elevar los costos de producción de energía para las empresas eléctricas y, eventualmente, trasladarse a otros sectores de la economía.
Dependencia de un solo ducto revela vulnerabilidad energética
Más allá del impacto inmediato, la crisis ha puesto nuevamente en evidencia una debilidad estructural del sistema energético peruano: la dependencia de un único ducto para transportar el gas de Camisea hacia la costa.
Especialistas del sector sostienen que esta situación representa un riesgo para la seguridad energética del país, ya que cualquier interrupción en la infraestructura puede generar efectos en cadena en distintos sectores de la economía.
Proyectos como el Gasoducto del Sur o la ampliación de la infraestructura de transporte de gas han sido mencionados como alternativas que habrían permitido diversificar las rutas de suministro y reducir la vulnerabilidad del sistema.
Mientras se realizan trabajos para restablecer el ducto afectado, el mercado energético peruano enfrenta días de incertidumbre. El restablecimiento del flujo de gas será clave para evitar un desabastecimiento prolongado y contener el impacto en los precios del GLP.
Por ahora, las autoridades y las empresas del sector mantienen monitoreo permanente de la situación, mientras millones de hogares observan con preocupación la posibilidad de que el precio del balón de gas vuelva a subir en medio de una coyuntura energética cada vez más compleja.