Este jueves 8 de enero se inauguró el cementerio municipal de Alto Cayma, denominado “Pampas de Condormico”. Sin embargo, pese a la importancia de la obra para el distrito arequipeño, el proyecto comenzó con serias observaciones: las sepulturas del antiguo cementerio provisional destinado a las víctimas de la COVID-19 no fueron incluidas en esta primera etapa de construcción.
El nuevo camposanto demandó una inversión superior a 2 millones 800 mil soles y, según informó el alcalde distrital, Juan Carlos Linares, tiene capacidad para más de 600 espacios, distribuidos en 400 nichos aéreos y el resto en tierra. Aunque la autoridad anunció que se realizarán una segunda y tercera etapa del proyecto, la exclusión de la zona utilizada durante la emergencia sanitaria ha encendido alertas por el riesgo de abandono y falta de mantenimiento de esas sepulturas.
La situación genera profunda preocupación entre los deudos y vecinos. Durante el 2020, en plena crisis sanitaria y ante el colapso de los cementerios tradicionales, decenas de familias de escasos recursos se vieron obligadas a enterrar a sus seres queridos en este terreno abierto. En ese contexto, el costo de un nicho en cementerios como La Apacheta o en recintos privados llegaba a S/ 6,000, una cifra inalcanzable para muchos.
La comunidad exige que las próximas etapas del proyecto incluyan formalmente el área donde descansan las víctimas de la pandemia. El temor de los familiares es que, al quedar fuera del perímetro inaugurado y sin administración municipal directa, las tumbas queden expuestas al deterioro, al abandono y a la falta de seguridad sobre el terreno.