489 Aniversario y la toma de Lima

Escribe: Arq. Jorge Ruiz de Somocurcio*
El estado no entendió el potencial del urbanismo popular y más bien lo criminalizó.

A partir de la década de los años 40 del siglo pasado, se produce un punto de ruptura en el modelo de urbanización del Perú centralista. Miles de familias, especialmente andinas, emigran a la capital en busca de un mundo mejor y de oportunidades que la agricultura ya no ofrecía. Matos Mar lo llamó desborde popular y Lima pasó de 850.000 habitantes en los años 40 a 2’100.000 en los 60 y 5’000.000 en los 80. La capital asumió el activo y el pasivo de la crisis nacional del campo.

Sin la oferta de suelo, servicios y empleo que se encontraban en la metrópoli, el país habría padecido una crisis social inmanejable. Nació el urbanismo popular pero el Estado no entendió ese potencial y más bien lo criminalizó; a pesar de opiniones visionarias como la del arquitecto inglés John Turner en los 60. La ciudad se reinventó y a fines del siglo pasado un sostenido proceso de urbanización permitió mejorar la calidad del empleo formal conviviendo con un enorme mercado de empleo informal. El desborde popular había hecho una parte de la metrópoli e invertido US$ 10 000 millones según Hernando de Soto en la ciudad.

El siglo XXI el boom inmobiliario permitió la generación de miles de empleos aun a costa de un proceso defectuoso de urbanización. La ciudad generosa ofrecía sus valles y arenales como áreas de expansión urbana. Aparece la explosión del tráfico de tierras formal e informal hasta hoy. Lima siempre ha estado ahí con una capacidad de resiliencia natural que sin embargo con la pandemia colapsó.

Lima es el gran escenario nacional, amada, odiada, vilipendiada, estuvo en el ojo de la tormenta con los recientes movimientos provincianos anti – limeños que reclamaban su suerte a la capital con la consigna de “marchar contra Lima”; “la toma de Lima” como la toma de la Bastilla.

Larcomar recibe más visitas que Machupicchu y el Word Travel Award acaba de distinguir la capital como la mejor ciudad patrimonial del mundo. Empero Lima tiene tristemente también el récord de ser una de las urbes con el peor transporte del mundo y ser una de los más desiguales, con violencia de género. ¡Ironías!

Lima está sobre estudiada; los proyectos estratégicos están sobre la mesa; no voy a enunciarlos y hay consenso en varios de ellos. Ojo, plata hay. ¡Solo con los US$ 2 500 MM que se quiere hundir en Petroperú, se harían 100 000 viviendas sociales!

Esta urbe es como un animal que crece todos los días. Incorpora 130 000 nuevos habitantes/ año lo que pone a la orden del día un tema esencial; se necesita una hoja de ruta y gestión; que le permita hacer camino.

Un día de sol en Lima es capaz de alegrarnos la vida y los crepúsculos de su bahía son uno de los más bellos. Su cielo gris durante el invierno no es color panza de burro, como decía Héctor Velarde, es más bien plateado y propicia una cierta tristeza y melancolía que también nos acompaña, pero nos consolamos con una gastronomía de culto. Nos falta una línea de base de valores de convivencia, respeto, solidaridad, no solo cemento. Reivindicar a tanta gente maravillosa y solidaria que vive en cerros, arenales y valles.

Lima ha demostrado ser una ciudad resiliente y generosa. Falta una imagen clara, contundente de un guía defendiendo la ciudad. Ahí hay un punto de partida aun pendiente para el alcalde metropolitano.

*Decano del Colegio de Arquitectos de Lima.