Un escenario de violencia extrema se registró en el centro penitenciario de La Serena, en Chile, donde un interno asesinó a su compañero de celda para luego protagonizar un perturbador acto de canibalismo. El crimen, que ha conmocionado a la opinión pública y al sistema carcelario del país vecino, ocurrió durante la mañana del pasado domingo y viene siendo investigado bajo estrictos protocolos de seguridad.
El hallazgo se produjo durante el procedimiento rutinario de desencierro. Los custodios encontraron el cuerpo sin vida de la víctima y, tras asegurar el área, constataron que el agresor había mutilado y consumido órganos y extremidades del fallecido, incluyendo ojos, orejas y parte del cuello. Ante la gravedad del suceso, el victimario fue trasladado de inmediato a un pabellón de máxima seguridad para evitar nuevos incidentes.
Detalles de una escena dantesca
El fiscal a cargo del caso, Eduardo Yáñez, confirmó que el ataque se perpetró con un cuchillo, siendo una herida profunda en el cuello la causa principal de la muerte. “Lo más impactante fue que, tras el ataque, el agresor habría ingerido partes del cuerpo de la víctima”, detalló el magistrado, quien ordenó el traslado de los restos al Servicio Médico Legal para la autopsia de ley.
Por su parte, la Asociación Nacional de Funcionarios Penitenciarios (Anfup) expresó su consternación. Raúl Muñoz Cabeza, vicepresidente del gremio, confirmó que el personal de trato directo quedó profundamente afectado por la naturaleza del hallazgo. Según Muñoz, este nivel de ferocidad refleja un preocupante aumento en la gravedad de los delitos cometidos dentro de los recintos penales chilenos.
Investigación en curso
Hasta el momento, las autoridades no han determinado el móvil que desencadenó el brutal asesinato. El Ministerio Público trabaja en establecer si existían rencillas previas o si el agresor padece de trastornos psiquiátricos que no fueron detectados oportunamente por el sistema de salud penitenciario.
El caso ha reabierto el debate sobre el control de armas blancas en las prisiones y la clasificación de internos de alta peligrosidad, en un contexto donde la violencia carcelaria parece haber cruzado una frontera sin retorno.