Nepal ha dado un vuelco político sin precedentes. El rapero Balen Shah se ha alzado como el triunfador indiscutible de las elecciones generales celebradas el pasado jueves, logrando la mayoría absoluta necesaria para ser investido como primer ministro. El ascenso de Shah representa un quiebre definitivo con la casta política tradicional que ha dominado el país desde la abolición de la monarquía en 2008.
Según los datos oficiales de la Comisión Electoral difundidos este domingo, el partido de Shah, el Rastriya Swatantra (RSP) —fundado hace apenas cuatro años—, ya se ha asegurado 106 de los 165 escaños de elección directa. Al sumar el bloque de representación proporcional, donde capturan más del 50% de los votos, la formación garantiza superar ampliamente el umbral de los 138 escaños en un Parlamento de 275 miembros.
El fin de la «vieja guardia»
La victoria de Shah es, ante todo, un fenómeno generacional. La Generación Z nepalí acudió a las urnas con el objetivo de desterrar a los líderes históricos, a quienes responsabilizan de años de inestabilidad y pactos de poder estériles. La criba electoral ha dejado fuera del Parlamento a figuras de peso como:
- K.P. Sharma Oli: Ex primer ministro y líder comunista, quien perdió su escaño directamente ante Shah.
- Gagan Thapa: Presidente del Congreso Nepalí, la formación más antigua del país.
- Binod Chaudhary: El único multimillonario de Nepal involucrado en política.
De la estructura de poder tradicional, solo el exlíder maoísta Pushpa Kamal Dahal, conocido como ‘Prachanda’, ha logrado conservar su escaño, aunque con una representación mínima de apenas seis legisladores para su partido.
Un nuevo rumbo político
Desde la caída del sistema monárquico, Nepal no ha logrado completar una sola legislatura debido a las constantes rupturas de alianzas. Balen Shah llega al poder con la promesa de una gestión técnica y directa, alejada de los vicios del pasado. Su partido, el RSP, capitalizó el descontento social y la demanda de reformas estructurales en un país que busca desesperadamente estabilidad económica.
Con este resultado, Shah no solo asume el mando del Ejecutivo, sino que cuenta con el respaldo legislativo suficiente para implementar su agenda sin depender de los antiguos partidos, ahora reducidos a su mínima expresión histórica.