Nuevos detalles han surgido en torno a la trágica muerte de un motociclista en la alcaldía Iztapalapa. Lo que inicialmente se difundió en redes sociales como un presunto acto de justicia por mano propia contra un “ratero”, resultó ser un caso de homicidio por atropellamiento. La víctima ha sido identificada como Roberto Hernández, un hombre de 40 años con un historial de vida dedicado al trabajo.
De acuerdo con las investigaciones, Roberto laboraba como repartidor para una reconocida empresa de lácteos y, al momento del incidente, se dirigía a recoger a su pareja. Su muerte ha desatado una ola de indignación y protestas por parte de la comunidad de motociclistas en la capital, quienes han cerrado vialidades exigiendo celeridad en el caso.
Los hechos: Un arrastre de varios kilómetros
El reporte de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) y del C2 Oriente detalla una secuencia de eventos de extrema violencia. El incidente comenzó en el cruce de Eje 6 Sur y Anillo Periférico, donde un automóvil azul embistió la motocicleta de Roberto. En lugar de detenerse, el conductor del vehículo aceleró, arrastrando el cuerpo de la víctima debajo del chasis durante varias cuadras. Roberto fue abandonado sin vida en la intersección de Francisco Múgica y Félix Palavicini, en la colonia Constitución de 1917. El responsable huyó del sitio de inmediato.
Avances en la investigación
La Fiscalía General de Justicia de la CDMX ya cuenta con pistas sólidas. Se ha reportado la identificación de la presunta propietaria del vehículo y la localización del automóvil involucrado en el Estado de México.
Las autoridades se encuentran revisando las cámaras de videovigilancia de la ciudad para trazar la ruta exacta de escape y confirmar si la persona que manejaba es la misma propietaria identificada. Mientras tanto, el Ministerio Público ha iniciado las diligencias por homicidio culposo o doloso, dependiendo de lo que revelen los peritajes sobre la intención del conductor al arrastrar a la víctima.
Respuesta ciudadana
El caso de Roberto Hernández se ha convertido en un estandarte para los repartidores y motociclistas de la Ciudad de México, quienes denuncian la vulnerabilidad que enfrentan en las vialidades y el daño moral que causan las noticias falsas que criminalizan a las víctimas antes de que se realicen las investigaciones oficiales.