La bomba atómica alemana: un debate redescubierto

Por: Hugo Alonso Contreras Velasco, B.A. | La progresiva desconexión transatlántica de la actual administración estadounidense, así como los cambios políticos en Alemania y el resto de Europa traen un debate, cerrado en 1966, de vuelta a la palestra.

por Edgar Mandujano

Tras la tensa reunión entre los presidentes Donald Trump de los Estados Unidos de América y Volodimir Zelensky de Ucrania, Alemania ha replanteado su rol en el esquema de seguridad europeo. Declaraciones de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, así como varios jefes de estado y gobierno del Viejo Continente resaltaron la necesidad de una nueva garantía de seguridad en Europa.

El presidente francés, Emmanuel Macron, resaltó en un mensaje a la nación el 5 de marzo que la República Francesa estaría dispuesta a proporcionar un nuevo paraguas nuclear desde el arsenal atómico galo, que no forma parte de la política nuclear común de la OTAN. Está posición refleja una línea congruente con la propuesta francesa de generar una Euro-Disuasión independiente del paraguas nuclear estadounidense. Dicha iniciativa tuvo siempre como meta incorporar a la República Federal de Alemania a esa línea debido a su indispensabilidad en el eje francoalemán. Sin embargo, la situación se torna cada vez más complicada.

Si bien el flamante canciller alemán y (aun) líder de la oposición, el conservador Friedrich Merz, acordó en las negociaciones de coalición con el Partido Socialdemócrata (SPD) la aprobación de un presupuesto extraordinario de más de 500 mil millones de euros para repotenciar a las fuerzas armadas alemanas en pos de una mayor autonomía frente a los EE. UU., la cuestión nuclear no ha sido resuelta del todo. Poco después de la reunión entre Trump y Zelensky en Washington, Merz aseveró que la existencia de un paraguas nuclear europeo (y por ende alemán) autónomo es necesario. No obstante, posiciones divergentes han reaparecido alrededor de esta exigencia.

Varios años antes del inicio de la Guerra de Ucrania, el exministro de relaciones exteriores, Joschka Fischer, aseveró que la existencia de un Euro-Arsenal era indispensable. Dicha política fue siempre secundada por distintas administraciones francesas. La posición de Merz es más matizada: al desarrollo de una euro-fuerza nuclear debe seguir un fortalecimiento de las relaciones con los EE. UU. para que el paraguas nuclear norteamericano siga manteniéndose como principal garantía de seguridad. Merz, asimismo, ha rechazado la idea de la creación de un arsenal atómico alemán exclusivo y más bien ha optado por apelar a la cooperación con Francia y los EE. UU.

Diametralmente distinta es la posición del partido populista de derecha Alternativa para Alemania (AfD). El portavoz para política de defensa de este, Rüdiger Lucassen, ha proclamado la necesidad de la creación de un arma nuclear puramente alemana como última garantía de seguridad. Esta exigencia rompe con la línea oficial del partido de los últimos años y se acerca a las exigencias de su desaparecida organización juvenil Joven Alternativa (JA). La JA fue disuelta por presiones de la dirigencia del partido debido a su excesiva radicalidad de posturas (incluso para estándares de la AfD). Cabe resaltar que la AfD fue el segundo partido más votado en los comicios del 23 de febrero, situación que evidencia las exigencias de una política defensiva más dura de parte de los partidos más populares.

La tesis un arsenal nuclear alemán (nacional o europeo) no está exenta de críticas. El Partido Verde, parte de la aun vigente coalición bajo el mando de Olaf Scholz, ha optado por una agresiva política de desnuclearización. Alemania ha sido así el único país europeo que ha cerrado voluntariamente todas sus plantas nucleares. La desnuclearización civil ha ocasionado, asimismo, que los verdes rechacen rotundamente la idea de la tecnología nuclear para usos militares. El Partido Verde, inclusive, nació como respuesta a la expansión de la energía nuclear y en oposición a la nuclearización de la OTAN.

Aún más radical es la propuesta del Partido de la Izquierda (Die Linke). La organización de izquierda radical, partido más votado entre los jóvenes electores alemanes (28% entre 18 y 24 años), ha reafirmado su demanda de retirarse de la OTAN y desarmar a Alemania. En consecuencia, Die Linke ha sido el partido más diametralmente opuesto a la formación de un arsenal nuclear alemán. Es posible que este cobre fuerza entre quienes rechazan esta medida.

Durante años la idea de una bomba atómica alemana fue un tabú generalizado. Según estimaciones Fundación Körber, especializado en política de seguridad alemana, alrededor de un 90% de los alemanes rechazaba la idea de un arsenal nuclear propio el año 2023. Debido al peso de la política de memoria histórica en Alemania, desde la reunificación las fuerzas armadas y las armas de destrucción masiva han tenido un amplio rechazo social. Las bombas atómicas han sido objeto de animadversión de la sociedad alemana especialmente debido a los experimentos atómicos durante la Segunda Guerra Mundial y por la herencia de las fuertes protestas antinucleares durante los años 60, 70 y 80 (mismas que enfrentaron la cada vez mayor nuclearización de la OTAN durante la Guerra Fría).

La idea de un arma nuclear alemana propia ha sido además descartada desde 1966 por las implicaciones geopolíticas de la misma. Si bien la joven República Federal de Alemania durante los gobiernos de Konrad Adenauer y Ludwig Erhard manifestó su interés por la creación una disuasión atómica alemana (o europea en conjunto con Francia e Italia), el miedo a un deterioro de las relaciones con sus vecinos europeos, así como (principalmente) de un abandono defensivo de parte de Washington, llevó a Alemania a contentarse con tan solo formar parte del paraguas nuclear de la OTAN. Por este mismo motivo, Berlín ha sido entre el 2016 y el 2020 muy reacio a cualquier iniciativa de un Euro-Arsenal con participación francoalemana.

Los recientes roces transatlánticos, manifestados por la posición de Washington en la Conferencia de Seguridad de Múnich de este año (14-16/03/2025), por las negociaciones rusoestadounidenses en Arabia Saudita, así como por la reunión bilateral Trump-Zelensky y las subsecuentes presiones sobre Ucrania para adoptar el acuerdo de Tierras Raras, parecen haber puesto en tela de juicio una posición alemana firme desde hace décadas. El debate sobre una posible arma nuclear alemana (ya sea en un esquema europeo o estrictamente nacional) parece haber sido redescubierto tras las circunstancias de las últimas semanas. Alemania, pese al mencionado proceso progresivo de desnuclearización, tendría la capacidad de formar cabezas nucleares en pocos años.

En 1990, el controvertido politólogo e internacionalista John Mearsheimer, pronosticó que el orden posterior a la Guerra Fría tendría como consecuencia un sucesivo abandono estadounidense de Europa. En la mencionada constelación, incentivos para competición de poder entre los estados europeos serían redescubiertos. En tal sentido, Alemania estaría predilecta a hacerse de armas atómicas. La prognosis, hasta ahora, no se ha cumplido. No obstante, el reflote de un debate cerrado en 1966 podría marcar los primeros indicios de un camino hacia la bomba atómica alemana. El tiempo dirá si esa situación se da o no.

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