El presidente de Nayib Bukele dio un nuevo paso para prolongar su permanencia en el poder al inscribir su precandidatura presidencial por el partido oficialista Nuevas Ideas, con miras a las elecciones generales de 2027. De concretarse su nominación y resultar electo, gobernaría El Salvador hasta 2033.
La postulación es posible gracias a la reforma constitucional aprobada en 2025 por la Asamblea Legislativa, dominada por el oficialismo. Los cambios eliminaron los límites a la reelección presidencial, ampliaron el mandato de cinco a seis años y suprimieron la segunda vuelta electoral, modificando de manera sustancial el sistema político salvadoreño.
La inscripción de Bukele fue anunciada por el presidente de Nuevas Ideas, Xavi Zablah Bukele, quien publicó en redes sociales la documentación presentada por el mandatario y por el vicepresidente Félix Ulloa, quien busca integrar nuevamente la fórmula oficialista. Hasta el momento, el presidente no ha hecho declaraciones públicas sobre su candidatura.
CUESTIONADA POLÍTICA DE SEGURIDAD DE BUKELE
Desde su llegada al poder en 2019, Bukele ha transformado el panorama político salvadoreño. Su estrategia de seguridad, basada en el régimen de excepción vigente desde 2022, redujo drásticamente los índices de homicidios y le ha permitido mantener niveles de popularidad poco comunes en la región. Para sus seguidores, esa política devolvió la seguridad a un país que durante décadas estuvo dominado por las pandillas.
Sin embargo, su consolidación política también ha despertado preocupación dentro y fuera del país. Organizaciones de derechos humanos, juristas y sectores de la oposición sostienen que las reformas constitucionales concentran el poder en el Ejecutivo y debilitan los contrapesos democráticos. La posibilidad de una reelección indefinida ha sido uno de los puntos más cuestionados por los críticos del Gobierno.
La eventual candidatura de Bukele perfila las elecciones de 2027 como uno de los procesos políticos más relevantes de Centroamérica. El debate no solo girará en torno a la continuidad de su modelo de seguridad, sino también al equilibrio entre el amplio respaldo ciudadano del mandatario y la fortaleza de las instituciones democráticas salvadoreñas.