El fenómeno El Niño costero ha generado lluvias intensas en varias regiones del Perú. Ante esta situación, la Universidad Católica San Pablo (UCSP) de Arequipa indicó que por cada dólar invertido en prevención, el Estado podría ahorrar hasta 15 dólares en reconstrucción de los daños provocados por eventos climáticos extremos.
La especialista en gestión del riesgo de desastres y docente de la Escuela de Ingeniería Ambiental de la UCSP, Joshelyn Paredes, explicó que estos datos, respaldados por organismos internacionales como la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR), demuestran que la prevención es una inversión eficiente y estratégica en la gestión de recursos públicos.
“Para países con recursos limitados como el Perú, la prevención debería ser una prioridad de política pública. Aunque el actual Niño costero se considera débil, no podemos asegurar que sus efectos lo sean”, afirmó Paredes.
La falta de planificación urbana aumenta la vulnerabilidad
Paredes advirtió que la ocupación de zonas vulnerables y la ausencia de planificación urbana incrementan significativamente el riesgo de emergencias. “Si las lluvias se concentran en pocas horas o días, pueden activarse quebradas y torrenteras, generando huaicos e inundaciones, sobre todo en ciudades sin infraestructura de drenaje adecuada”, indicó.
En regiones del sur como Arequipa, donde existen torrenteras activas, la prevención y el ordenamiento territorial son especialmente relevantes. Sin embargo, esta problemática también se repite en otras ciudades del país expuestas a lluvias intensas y deslizamientos.
Perú aún opera con enfoque reactivo ante desastres
La experta señaló que el país aún responde a los desastres desde un enfoque reactivo, lo que limita la eficacia de las acciones ante eventos extremos. Por ello, el año 2026 representa una oportunidad para fortalecer la gobernanza territorial y mejorar la coordinación entre gobiernos locales, regionales y nacionales.
“La naturaleza no es el problema; el desastre depende de cómo planificamos nuestras ciudades. Es urgente impulsar una cultura de prevención a todos los niveles, considerando que los fenómenos climáticos extremos podrían intensificarse en los próximos años”, concluyó Paredes.