Marisol Shariva: “Sin territorio no podemos vivir”

Caretas en alianza con INFOREGIÓN | En el Día Internacional de la Mujer, entrevistamos a Marisol Shariva, vicepresidenta de la Asociación de Comunidades Asháninkas del Valle del Pichis (ANAP).

PASCO. En medio de la Amazonía peruana, surge la voz de Marisol Shariva Pérez, vicepresidenta de la Asociación de Comunidades Asháninkas del Valle del Pichis (ANAP). Shariva, quien ha dedicado su vida a la defensa de los derechos de las mujeres indígenas y a la protección de la cultura ancestral, comparte con nosotros sus percepciones en el Día Internacional de la Mujer.

Desde niña, Marisol ha enfrentado diversos desafíos. Criada por su abuela tras el fallecimiento de su padre, tuvo que luchar contra los problemas económicos de su familia y la falta de acceso a la educación. Sin embargo, el conocimiento transmitido por su abuela y su madre, la llevó a convertirse en una lideresa indígena y sabia de medicina ancestral.

«Sin territorio no podemos vivir», enfatiza Marisol, destacando la importancia de la naturaleza para las comunidades indígenas. Con profundo conocimiento de las plantas medicinales y las tradiciones de su cultura asháninka, ha desempeñado diversos roles. Desde ser jefa de su comunidad, hasta trabajar en colaboración con el Ministerio de Educación y el Ministerio de Salud para fortalecer los saberes tradicionales.

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En su búsqueda por promover la equidad de género y el empoderamiento de las mujeres indígenas, Marisol reconoce la importancia de la educación y el conocimiento de los derechos. «Es fundamental que todas, tanto mujeres como niñas y niños, conozcan sus derechos y deberes», afirma.

Con seis hijos, tres varones y tres mujeres, Shariva es un ejemplo de determinación. “Mi hija mayor terminó su secundaria y se fue a Huancayo. Ahora es una contadora asháninka indígena titulada, tiene su profesión y trabaja”, destaca.

Junto con el Consorcio Kowen Antami, Shariva ha liderado esfuerzos para conservar los bosques y promover proyectos productivos que beneficien a sus comunidades. En el ámbito político, su ascenso como vicepresidenta de la ANAP es un testimonio de su liderazgo. Aunque por un estrecho margen no logró la presidencia, su dedicación y visión para ayudar a las comunidades indígena,s la han llevado a ocupar una posición clave en la defensa de sus derechos.

Con una profunda conexión con su cultura y sus raíces, Marisol aboga por la revalorización de la identidad cultural y el idioma asháninka. «Debemos revalorar nuestra cultura ancestral», insta, destacando la importancia de la educación desde el hogar y el fortalecimiento del idioma indígena como pilares fundamentales para el empoderamiento de su pueblo.

En un país donde las comunidades indígenas a menudo enfrentan desafíos y discriminación, Marisol Shariva Perez emerge como un símbolo de resistencia. “Como mujeres indígenas, defendemos nuestros bosques porque en ellos vivimos, nos alimentamos y encontramos las herramientas para nuestras artesanías. Sin territorio, no podemos vivir», finaliza.