Por: Manuel Boluarte – Inforegión
Durante el desarrollo del primer panel del Foro «Café, Cacao y Política», diversos especialistas coincidieron en calificar como extraordinario el momento que atraviesan estos dos cultivos emblemáticos de la Amazonía peruana. Sin embargo, el entusiasmo por las cifras macroeconómicas se mezcló con un baño de realidad respecto a las brechas estructurales que amenazan la sostenibilidad de este crecimiento. El evento sirvió para poner sobre la mesa una paradoja: mientras la selva recibe una inyección de capital inédita por los altos precios internacionales, la mayoría de las familias productoras aún no alcanza un ingreso digno.
Fernando Cilloniz, presidente de la consultora Inform@cción, abrió el debate destacando el impacto socioeconómico que el café y el cacao han tenido en el último año, superando incluso la atención mediática que reciben las agroexportaciones costeñas como el arándano o la uva. Según las cifras presentadas, el valor de las exportaciones de café rozaría los 2,000 millones de dólares, mientras que el cacao saltaría de un promedio histórico de 300 millones a 1,600 millones de dólares. Para Cilloniz, este fenómeno representa una inyección directa de aproximadamente 1,000 millones de dólares adicionales a la economía de la Amazonía, un impacto en la reducción de la pobreza que ningún programa social estatal o extranjero ha logrado igualar hasta la fecha.
No obstante, este escenario de bonanza responde más a una coyuntura global que a una mejora interna. Santiago Paz, gerente comercial de la cooperativa Norandino, y José Yturrios, director de Recursos, explicaron que los precios actuales, los más altos en cien años, son consecuencia de una crisis de oferta mundial y no de un aumento de la demanda. Factores climáticos y enfermedades han mermado la producción en países competidores, disparando las cotizaciones. Paz advirtió que el sector enfrenta amenazas regulatorias inminentes, como la normativa de la Unión Europea sobre deforestación y los límites de contaminantes químicos y metales pesados, temas en los que el Perú aún tiene tareas pendientes, especialmente en titulación y trazabilidad.
La mirada crítica sobre la economía familiar la aportó José Yturrios, quien señaló que, a pesar de los precios récord, la pobreza en el sector cacaotero y cafetalero se mantiene en niveles del 38% y 35% respectivamente. El experto reveló que el 75% de las familias cafetaleras no alcanza el ingreso digno anual estimado en 30,000 soles. La causa raíz de este problema es el estancamiento de la productividad: mientras países como Brasil o Vietnam logran rendimientos superiores a las dos toneladas por hectárea, el Perú se mantiene estancado en promedios de 700 kilos. La falta de fertilización, la escasa asistencia técnica y el minifundio impiden que el pequeño productor aproveche plenamente el auge de precios.
Por otro lado, Jorge Torres Padilla, director ejecutivo de Paskay, introdujo una oportunidad perdida para el agro nacional: los mercados de carbono. Torres lamentó que, a pesar de que el cultivo de café y cacao bajo sistemas agroforestales es perfectamente elegible para generar bonos de carbono, el Perú no cuenta con ningún proyecto agrícola registrado en este mercado global que mueve billones de dólares. A diferencia del sector forestal, la agricultura peruana está perdiendo la oportunidad de generar una renta adicional para los productores por sus servicios ambientales de captura de carbono, debido en gran parte a la falta de seguridad jurídica sobre la propiedad de la tierra.
El consenso final del panel apuntó a la necesidad de políticas públicas diferenciadas. Los especialistas concluyeron que el Estado debe distinguir entre los productores «profesionales» que requieren tecnología para elevar su productividad y los agricultores de subsistencia que necesitan estrategias de diversificación de ingresos. Sin solucionar el problema de la titulación de tierras y sin una inversión agresiva en tecnología y fertilización, el actual «milagro» de la selva podría ser tan efímero como los precios internacionales, dejando pasar la oportunidad histórica de consolidar una clase media rural en la Amazonía.