Asháninkas restauran más de 2,500 hectáreas en la cuenca del río Ene

CARETAS en alianza con INFOREGIÓN | Frente a la devastación provocada por los incendios forestales, las comunidades nativas toman el control de su territorio. Con un enfoque que prioriza la siembra de sus propios cultivos, la crianza de animales y el conocimiento ancestral, buscan devolverle la vida a más de 2,500 hectáreas.

por Edgar Mandujano

Por Manuel Boluarte – Inforegión

Las intensas sequías y los incendios forestales en el río Ene dejaron profundas cicatrices en la cuenca baja de este territorio amazónico. Las llamas no solo consumieron miles de árboles en este entorno de bosque seco tropical, sino que ahuyentaron a la fauna silvestre, destruyeron los refugios naturales y golpearon el corazón mismo de las comunidades Asháninkas del río Ene: su fuente diaria de alimentos y su conexión vital con el territorio.

Sin embargo, lejos de resignarse a vivir entre cenizas, los pobladores han decidido tomar acción directa. Liderados por la Central Asháninka del Río Ene (CARE), a través de la estrategia PAAMARI, las familias nativas han puesto en marcha el proyecto “Recuperación y Conectividad”, una iniciativa donde ellos mismos son los protagonistas de la restauración de bosques en la Amazonía peruana.

Restauración con el conocimiento de la comunidad

El proyecto deja de lado la tradicional imposición técnica para darle voz a quienes conocen mejor la tierra. Las comunidades de Saniveni, Tsiquireni (Meteni), Potsoteni y Samaniato están liderando el proceso desde el primer paso dentro de esta estrategia de restauración ecológica en el río Ene.

Antes de realizar cualquier siembra masiva, los comuneros recorren las áreas afectadas para identificar qué especies resistieron al fuego y qué animales están regresando. A partir de este diagnóstico propio, deciden cómo actuar en las 2,504 hectáreas de bosque amazónico que tienen como meta recuperar.

Siembra activa con propósito: Se instalan plantones de árboles maderables y, sobre todo, frutales que han sido elegidos por la propia comunidad, asegurando que el bosque del futuro les brinde alimento y recursos útiles dentro del proceso de reforestación en la Amazonía peruana.

Recuperación pasiva: Se delimitan “núcleos” de bosque donde la naturaleza hará su trabajo por sí sola, pero bajo el monitoreo constante y la protección de los pobladores para garantizar la conservación de la biodiversidad amazónica.

Brigadas de defensa: Se han conformado brigadas comunales (PAAMARI) entrenadas específicamente para prevenir nuevos incendios forestales en la Amazonía y controlar el fuego antes de que arrase con los cultivos y el bosque joven.

La seguridad alimentaria como prioridad

Para los Asháninkas del río Ene, no se puede hablar de salvar la selva sin garantizar el plato de comida en la mesa de sus familias. Por ello, el esfuerzo de reforestación camina de la mano con los denominados planes de vida de comunidades indígenas, que priorizan la seguridad alimentaria y el fortalecimiento de las economías locales.

En lugares como Cashingari, Tsiquireni y Samaniato, los pobladores han priorizado la crianza de aves menores. Esta actividad productiva se ha convertido en una estrategia directa y rápida para mejorar la nutrición de los niños y generar nuevos ingresos económicos para los hogares, reduciendo su vulnerabilidad tras las pérdidas que dejó el fuego en el territorio del río Ene en la Amazonía peruana.

De esta manera, las comunidades buscan reconstruir su sistema de vida combinando producción agrícola, manejo forestal y prácticas tradicionales que han sido transmitidas de generación en generación.

El poblador rural en el centro del cambio

La iniciativa también apuesta por el talento local. Sesenta comuneros y comuneras están recibiendo formación práctica en temas vitales como la producción de plantones, inventario de flora y fauna y la creación de sistemas agroforestales en comunidades amazónicas, que combinan cultivos agrícolas con la recuperación del bosque.

Esta visión comunitaria, que entiende que el ser humano y la selva forman parte de un mismo equilibrio, ha logrado el respaldo de organizaciones como Profonanpe, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y el Ministerio del Ambiente, instituciones que apoyan proyectos de conservación de la Amazonía peruana.

Hoy, la cuenca del río Ene está sentando un precedente poderoso: la verdadera acción climática en la Amazonía y la protección de la biodiversidad solo tienen éxito cuando se confía en la capacidad de las comunidades indígenas del Perú para liderar, producir y proteger su propio territorio.

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