Ladridos de esperanza

"Ayúdate ayudando" - Fundador de Waylluy.

por Edgar Mandujano

Por Gustavo Pozzo di Florianni, especialista en Marketing y Economía del Comportamiento.

En un mundo donde el lucro a menudo opaca la compasión, surge una historia que nos recuerda que el éxito puede tener un profundo ladrido de esperanza. Waylluy y Albergue Can Martín, dos fuerzas que laten al ritmo del corazón perruno, nos demuestran que la responsabilidad social no es un accesorio de marketing, sino el alma misma de un negocio próspero.

Waylluy, con una visión tan clara como el cielo andino, ha decidido no solo vender productos, sino alimentar sueños. Y no con croquetas, precisamente, sino con una parte de sus utilidades, un gesto que resuena con la nobleza de un San Bernardo. Este flujo constante de recursos permite a Can Martín, un refugio para canes sin hogar con más de 28 años de existencia, continuar su labor incansable, brindando cobijo, alimento y mucho amor a quienes más lo necesitan.

En un contexto donde el 58% de los hogares peruanos tienen mascotas, y el mercado de alimentos para mascotas alcanzó un valor de USD 259.67 millones en 2024, la generosidad de Waylluy no es un acto aislado, sino una estrategia brillante que busca conectar con consumidores que buscan algo más que un simple producto: una conexión emocional, una causa que los inspire.

¿Y cómo logran mantener este compromiso en un contexto económico a veces desafiante? Con ingenio y pasión. Historias conmovedoras que se viralizan en redes sociales, influencers que prestan su voz a la causa animal, eventos que unen a la comunidad en un abrazo solidario.

Se vislumbra en el horizonte la creación de productos con un propósito aún mayor, cuyas ventas estarán directamente ligadas al apoyo del refugio. Una iniciativa que no solo impulsará el negocio de snacks saludables, sino que multiplicará las oportunidades para el albergue.

En un futuro donde el mercado de mascotas en Perú se proyecta alcanzar USD 680 millones para 2028, la alianza entre estas dos marcas no es solo un ejemplo de responsabilidad social, es un faro de inspiración para el empresariado peruano. Demuestra que el éxito no se mide solo en cifras, sino en el impacto positivo que generamos en el mundo.

Esta es una invitación para construir un futuro donde la compasión y la prosperidad caminen juntas, pata a pata.

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