No siempre entra haciendo ruido. A veces llega disfrazada de timidez, de “ya se le pasará”, de un adolescente que evita hablar en clase o de un adulto que posterga llamadas, reuniones y cualquier escena donde pueda sentirse observado. Pero la ansiedad social, cuando se instala, no solo enfría la conversación. Empieza a recortar la vida.
Suscríbase al contenido
Esto es material premium. Suscríbete para leer el artículo completo.