Entusiasmado por el éxito operacional de Resolución Absoluta en Caracas y por el amplio despliegue en Furia Épica sobre Irán, el Gobierno de Trump afina su puntería sobre la isla caribeña, monocracia marxista que en plena Guerra Fría descolocó al viejo principio de esferas de influencia y generó una crisis misilística (1962) que mantuvo al mundo en vilo de un desenlace nuclear.
La Habana castrista articuló una Dirección General de Inteligencia (DGI-MINIT) bajo el patrón del KGB soviético y la dirección de Manuel Piñero.
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