Escribe: LUIS MIGUEL IGLESIAS LEÓN
Esta semana, la crisis energética que asfixia al Perú nos ha estrellado la cara contra una dura realidad: la política y la economía no pueden ir por cuerdas separadas. Durante años se pensó que podíamos vivir, trabajar y seguir produciendo ignorando las disputas por el poder gracias a un supuesto piloto automático. Pero la realidad nos demuestra que es imposible sostener un país cuando la institucionalidad entra en orfandad, además del silencio de un presi-dente ausente que huye de las explicaciones y una premier que hace mayores esfuerzos, pero sin peso político a la vista.
La factura de este caos tiene un origen claro: la falta de una política energética seria, agrava-da por la improvisación política. Hoy pagamos el precio de permitir que Lima y el Callao, responsables del 83 % del consumo de Camisea, dependan de un solo hilo conductor y carezcan de planes de contingencia. Sin embargo, el problema de fondo es el des-file constante de ministros y la entrega de cargos a funcionarios sin experiencia ni mérito alguno. Esta inestabilidad crónica ha incidido en la capacidad del Esta-do para gestionar el desastre. El resultado está a la vista: un efecto dominó que asfixia la economía y tiene paralizada a buena parte del transporte público y privado de la capital.
Ante la ausencia de salidas técnicas, la premier Miralles ha optado por una salida facilista, la cual es adoptar por el teletrabajo en todo el sector público, además de obligar a todos los colegios, institutos y universidades privadas de Lima y Callao a pasar de clases presenciales a virtuales, sin un mayor análisis de los costos y con-secuencias de esta decisión. Por lo pronto, organizaciones como la Alianza de Escuelas Privadas del Perú y la Asociación de Promotores de Educación Inicial del Perú se han opuesto a esta medida y han exigido que se otorgue a los colegios privados la potestad de decidir si optan por clases presenciales o virtuales, mientras que el colectivo Volvamos a Clases Perú convocó a un plantón ante el per-juicio que el encierro de los estudiantes genera en el aprendizaje, especialmente en el de los meno-res de edad y los de situación eco-nómica vulnerable.
Por lo pronto, estos cuestionamientos ya le vienen pasan-do factura al Gobierno de José María Balcázar, cuya aprobación bajó de 24 % a 14 % en solo una semana sin que el flamante presi-dente dé la cara hasta el momento para enfrentar la crisis. Esta conducta muestra una debilidad que pone claramente en riesgo la posibilidad de que el Congreso le otorgue la confianza, lo que solo ahondaría la crisis política e institucional que se viene arrastran-do desde hace años y afectaría la oportunidad de tener elecciones confiables y legítimas.
En resumen, la actual crisis energética es solo la punta del iceberg de un modelo de gestión del Estado que ya no da para más y que solo nos puede conducir a nuevos escenarios de crisis que no se van a poder atender de forma eficiente desde el Gobierno central. Así se viene mostrando en el tema de la seguridad ciudadana. Y se arriesgan con ello los logros en materia económica que tanto nos ha costado conseguir. Por tanto, esperamos que quien resulte elegido en abril o junio deje de lado la idea del “piloto automático” como eje de manejo de la economía peruana para asumir plena y responsablemente la definición de las políticas económicas e institucionales que requiere de manera urgente el país.