La ola fue de 21,5 metros, pero Salazar prefiere empezar por otra parte. No por la postal ni por el récord ni por la euforia. Empieza por la logística: el filtro, las motos de rescate, el piloto y sobre todo la preparación mental. Es por todo eso que casi nunca entra en la foto y que, en Nazaré, define quién puede meterse y quién no. En olas de 20 a 30 metros, el talento solo no alcanza. “Pones en riesgo al equipo, las motos de agua y a ti mismo”, dice, para explicar por qué ahí nadie entra solo por ganas o por curiosidad.
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