Durante años, decir “mi novio” o “mi novia” nunca fue algo polémico, pero hoy es una palabra pesada. Se reemplaza por fórmulas ambiguas —“vínculo”, “casi algo” y hasta “casi nada”— que, aunque se usen para suavizar el compromiso, en la práctica, abren un terreno inestable. El fenómeno ha sido observado por la psicología y también por la cultura pop. Hace algunos meses, Vogue lo describió como el auge del situationship, relaciones en las que hay intimidad y frecuencia, pero en las que mostrar al novio puede restar “aura”. La revista sugiere que el giro no se limita a lo sentimental, sino también a lo que se proyecta en redes. Muchas mujeres quieren la compañía, pero no convertir a su pareja en el centro de su identidad pública.
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