En la calle Capón, el Año Nuevo chino se vive de día. Hay quienes llegan por tradición y quienes llegan por urgencia. Unos celebran y otros corrigen. Entre ese orden cuidadosamente improvisado, Lima incorpora el cambio de ciclo como un ritual urbano: incienso, chifa y —¿por qué no?— alguna cábala.
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