El reciente episodio geopolítico en Venezuela ha agregado un componente de riesgo concreto al comportamiento de los precios del petróleo, el cual empieza a filtrarse en la valoración de activos de mercados globales como el DAX.
Aunque Caracas posee las mayores reservas petroleras del mundo, la producción real ha estado muy por debajo de su potencial por años de mala gestión, sanciones y falta de inversión en infraestructura energética.
Tras el operativo estadounidense que derivó en la captura de Nicolás Maduro, los mercados han vivido un periodo de alta volatilidad en los precios del crudo. En algunos momentos los futuros del Brent y el WTI registraron subidas moderadas en medio de la incertidumbre sobre posibles interrupciones en los flujos de petróleo venezolano.
Sin embargo, el impacto de corto plazo ha sido contenible. La abundancia de oferta global y el hecho de que la producción venezolana —hoy muy por debajo de sus niveles históricos— no constituye un factor dominante en el mercado han limitado un salto brusco de precios.
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Más aún, la administración de Estados Unidos anunció acuerdos para que Venezuela envíe entre 30 y 50 millones de barriles de crudo a ese mercado, lo que ha generado presión bajista sobre las cotizaciones y ha reforzado percepciones de que el efecto geopolítico sea más moderado que explosivo.
Pese a ello, el mercado sigue sensible a la incertidumbre: las dudas sobre cómo evolucionarán la producción venezolana y el levantamiento o no de sanciones mantienen al crudo en un rango volátil. En especial, porque cualquier expectativa de incremento en la oferta podría ejercer presión a la baja en precios ya contenidos por un exceso de suministros globales.
Para los sectores más dependientes de la energía, como algunas industrias del DAX, este entorno mixto representa un riesgo que puede amplificarse si la percepción de un glut persistente se combina con presiones inflacionarias indirectas. En ese sentido, la interacción entre geopolítica y oferta petrolera en Venezuela sigue siendo un factor que los inversores no pueden ignorar.
DAX a las puertas de la eternidad: la barrera de los 25.000 puntos ya se ve
El vértigo en la Bolsa alemana no da tregua. Este martes, el DAX prolongó sin titubeos el rally iniciado a comienzos de semana y marcó un nuevo máximo histórico en 24.969 puntos. Apenas 31 unidades lo separan ahora de la simbólica —y psicológica— barrera de los 25.000 puntos, un hito que hasta hace poco parecía lejano y que hoy se percibe como inminente. A este ritmo, la pregunta ya no es si se romperá ese nivel, sino cuándo: horas o, a lo sumo, días.
Llama la atención que el mercado haya reaccionado con frialdad al ligero retroceso de la inflación en Alemania. La señal es clara: los inversores están mirando más allá de los datos locales y comienzan a concentrarse en factores globales que pueden definir el próximo movimiento del índice.
Esperanzas de tasas vs. ruido geopolítico
Pero el entusiasmo merece una cuota de cautela. La experiencia muestra que las grandes cifras redondas suelen actuar como imanes para las tomas de ganancias. No sería extraño que, tras un breve “exceso” por encima de los 25.000 puntos, el DAX experimente una corrección abrupta. La euforia de inicio de año empieza a perder fuerza y los fundamentos vuelven a reclamar protagonismo.
Este miércoles, todas las miradas se concentran a las 11:00 (hora de Europa) en el dato de inflación de la eurozona. El consenso apunta a un 2,0%, exactamente en el centro del objetivo del BCE. De confirmarse, difícilmente alimentará nuevas apuestas por recortes de tasas en el corto plazo. Mucho más determinantes pueden resultar los datos de empleo en EE.UU. que publicará ADP: si el mercado laboral estadounidense muestra señales claras de enfriamiento, los inversores podrían anticipar recortes más tempranos de la Fed. Ese escenario sería el combustible ideal para que el DAX cruce, sin demasiada resistencia, el umbral de los 25.000 puntos.