Petróleo: reacción contenida tras el arresto de Maduro, pero con riesgos latentes en el mercado

por Diana
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El mercado petrolero reaccionó con sorprendente moderación tras el arresto del presidente venezolano Nicolás Maduro, en el marco de una acción liderada por Estados Unidos. Los precios del crudo no registraron picos abruptos ni señales de pánico inmediato. Sin embargo, analistas advierten que esa calma podría ser engañosa y que los riesgos reales se están acumulando fuera del radar de los titulares.

La lectura dominante entre operadores energéticos es que el mercado tiene capacidad suficiente para absorber el impacto. La oferta global sigue siendo amplia, la producción venezolana representa hoy una fracción reducida del total mundial y, por ahora, no hay evidencia clara de una interrupción sostenida de los flujos físicos de crudo.

Ese diagnóstico explica la contención inicial de los precios, pero no elimina los factores de vulnerabilidad. “La falta de reacción inmediata no significa que el riesgo sea irrelevante”, advierte Nigel Green, CEO del grupo de asesoría financiera internacional deVere Group. Según el ejecutivo, lo que hoy se refleja en los precios responde más a una cuestión aritmética —volúmenes disponibles, inventarios y capacidad ociosa— que a una evaluación profunda de estabilidad.

Uno de los elementos clave es el destino del crudo venezolano. La mayor parte de sus exportaciones se dirige a China, con una exposición limitada a refinerías de Estados Unidos o Europa. Esta concentración reduce la sensibilidad de los principales referentes occidentales, como el Brent o el WTI, y amortigua la posibilidad de un salto inmediato en las cotizaciones.

Pero esa misma característica introduce un riesgo distinto. El petróleo venezolano es mayoritariamente pesado y especializado, difícil de sustituir con rapidez. Además, su cadena logística depende de infraestructura envejecida, puertos vulnerables y rutas de transporte políticamente sensibles. Incluso sin una caída brusca de la producción, pueden aparecer fricciones en ámbitos menos visibles: seguros, transporte marítimo, financiamiento, cumplimiento regulatorio.

En el corto plazo, el sistema parece resistir. Hay barriles alternativos, los inventarios ofrecen colchón y la liquidez del mercado permite absorber choques puntuales. De ahí que los precios se mantengan relativamente estables en las primeras horas tras el arresto de Maduro.

El problema, señalan los analistas, está en el factor tiempo. Si la tensión es breve, el episodio puede diluirse como un ruido más en un mercado acostumbrado a la volatilidad geopolítica. Pero si la presión se prolonga, el desgaste operativo se acumula. El sistema energético venezolano arrastra años de subinversión y tiene poca capacidad para absorber incertidumbre prolongada.

La experiencia histórica muestra que los mercados petroleros suelen tensarse primero por la logística y los costos indirectos, antes que por una escasez visible de crudo. Y esos ajustes no siempre se reflejan de inmediato en los contratos de referencia, sino en primas, fletes y coberturas.

A más largo plazo, el precio del petróleo responde menos a un hecho aislado que a la confianza en la seguridad energética global. Mientras esa confianza se mantiene, las primas de riesgo permanecen contenidas. Cuando se erosiona, los costos de protección aumentan, incluso sin desabastecimiento.

La relevancia del petróleo trasciende al mercado energético. El crudo incide directamente en los costos de transporte, la producción de alimentos, los insumos industriales y el presupuesto de los hogares. También ancla las expectativas de inflación y condiciona las decisiones de política económica.

Los gobiernos sienten el impacto a través de balanzas comerciales, monedas y planificación fiscal. Las economías importadoras quedan más expuestas a subas de costos cuando la estabilidad se debilita; las exportadoras enfrentan mayor incertidumbre sobre ingresos e inversión. Las empresas, por su parte, reaccionan ajustando márgenes, logística y decisiones de capital ante un entorno energético menos previsible.

Para los inversores, el petróleo sigue siendo un termómetro que va más allá del precio. Anticipa cambios en correlaciones, rotaciones sectoriales y estrategias defensivas. Los shocks energéticos rara vez se quedan confinados a un solo mercado.

En ese contexto, la atención exclusiva en la reacción inmediata de los precios puede ser un error. El petróleo no necesita dispararse para convertirse en un problema: basta con que empiece a erosionar la confianza, un proceso que, según los analistas, ya podría estar en marcha.

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