Ante el estancamiento de proyectos mineros en Latinoamérica, la llamada minería regenerativa se posiciona como una nueva apuesta para destrabar inversiones en el sector. El enfoque fue presentado durante Expocobre 2026 y plantea ir más allá de la sostenibilidad tradicional, integrando desde el inicio variables sociales, ambientales y económicas en el diseño de los proyectos.
Pese al avance tecnológico de la industria, países como Perú, Chile y México enfrentan límites estructurales que frenan nuevas inversiones, especialmente en el sector minero.
La desconfianza social, la complejidad regulatoria y los conflictos territoriales han pasado a ser factores determinantes en la viabilidad de los proyectos, incluso por encima de los aspectos técnicos.
La minería regenerativa y la legitimidad social
Durante el evento, Nelson Trejo, presidente de Epiroc Américas – División Partes y Servicios, advirtió que el sector necesita evolucionar para sostener su crecimiento. Según explicó, muchos proyectos no se paralizan por fallas técnicas, sino por la dificultad de construir acuerdos con las comunidades.
El ejecutivo señaló que, si bien la sostenibilidad permitió reducir impactos y mejorar estándares, el contexto actual exige un cambio más profundo. La minería regenerativa propone no solo mitigar efectos negativos, sino generar valor positivo en los territorios donde opera la industria.
Uno de los puntos centrales del planteamiento es la incorporación de la “legitimidad” como variable crítica en la evaluación de proyectos. “Medimos CAPEX, OPEX y productividad, pero no estamos integrando una variable clave para la viabilidad real”, sostuvo Trejo, al advertir que sin aceptación social la continuidad operativa se vuelve incierta.
Según datos expuestos en el evento, Latinoamérica capta apenas el 25% del presupuesto global en exploración minera. La brecha, indicó, no responde a falta de recursos geológicos, sino a modelos de evaluación que no reflejan la complejidad social y territorial de la región.
En este escenario, Perú aparece como un caso clave. Su peso en la producción global de cobre, sumado a su tradición minera y a los desafíos sociales que enfrenta, lo posicionan como un entorno propicio para ensayar este nuevo enfoque.
La minería regenerativa, concluyó Trejo, no busca reemplazar los modelos actuales, sino complementarlos frente a una nueva complejidad: la que imponen las dinámicas sociales, territoriales y de largo plazo en la región.