El portero de 23 años, formado íntegramente en las canteras de la institución rímense, ha logrado ganarse la confianza del comando técnico y la hinchada celeste gracias a intervenciones determinantes, como el reciente penal atajado en el duelo frente a 2 de Mayo. Para el joven guardameta, esté presente de éxito no es obra de la casualidad, sino el fruto de un proceso de maduración que incluyó períodos de préstamo en clubes del interior del país.
«Tuve que curtirme en provincias para ganar los minutos necesarios y regresar al equipo donde siempre soñé jugar», reflexiona Enríquez tras la última sesión de entrenamientos en La Florida. El portero destacó que la planificación paciente y el esfuerzo constante han sido los pilares que le permitieron asumir la responsabilidad de defender una portería con tanta historia y presión como la rímense.
Con un marcado sentido de pertenencia y una sobriedad que no corresponde a su corta edad, Enríquez se proyecta como uno de los grandes baluartes defensivos del club, demostrando que el talento formado en casa está listo para los grandes retos del fútbol local.