Soledad Cisneros: Catarsis visual

por tony.12.0620@gmail.com
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Soledad Cisneros, hija del poeta Antonio Cisneros. (Foto: Víctor Ch. Vargas)

Su nombre fue un sello casi premonitorio. Soledad. Soledad Cisneros. La hija del extinto poeta Antonio Cisneros presenta en público una muestra individual que tiene varios pisos de intimidad y que se fue perfilando desde el 2014. El nombre de la exposición es Soledades, puede ser vista en Carlos Caamaño Fotogalería (Bustamante y Ballivian 170, San Isidro), va hasta el 19 de febrero y está dividida en tres series “Animales propios”, “La carne cruda”, y “Tiempo detenido”. Este recorrido en miniatura —con animales fusionados, personas congeladas y más— expone las fibras más profundas de la creación, donde la acción se antepone antes de descifrar el motor emocional.

“Mis fotos surgen de mi espacio de soledad”, nos cuenta Cisneros, quien estudió en el Instituto Kodak, en la mítica Escuela de Fotografía Antonio Gaudí, y en el Centro de la Fotografía. Sin embargo, aunque sospecha que el “subconsciente” puede ser un influjo, asegura que estas imágenes no las construye “desde alguna emoción, desde algún sentimiento”. “Yo simplemente lo hago, le pongo acción”, apunta.

Como botón, repasa la secuencia de las personas atrapadas en cubos de hielo. “Se me viene la imagen, me toca algo y los meto en una hielera. No estaba pensando en bloqueos, parálisis, depresión, aislamiento. Solo los metí y comenzaron a salir imágenes cuando se formaron los hielos. Y en este proceso fui disparando mientras los muñequitos se derriten y salen de sus cápsulas”.

Y no es para menos. Asegura que el acto de capturar escenas, le “sana” y hasta le ayuda a “reconstruirse”, sensación que luego encontró un asidero cuando le hicieron hincapié en que este trabajo fotográfico era una de las formas de su duelo tras la partida de su padre en 2012, pese a que no era un episodio que levitara insistentemente en su cabeza.

Cuenta que comenzó a “hacer fotografías de los animales” que encontraba en los poemas del autor de Canto ceremonial contra un oso hormiguero. “Fue un proyecto donde los partí y los uní nuevamente”, menciona y agrega que fue “gracioso y lúdico en su momento”. “Me di cuenta luego que era como romperse y volverse a armar, de una manera saludable, de ver que podemos seguir caminando. Este fue el proceso de la muerte de mi papá con los animales. Y me di cuenta luego de mucho tiempo, después de hablarlo con una persona”, revela.

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