Una sátira política implacable, cruda, despiadada contra el doble juego de complicidad y arribismo de la casta política y parte de la prensa. Para enquistarse en la maquinaria del poder, los políticos requieren de cómplices a varios niveles, como los cada vez más elásticos medios de comunicación. La contradicción es obvia: la definición de prensa más elemental es que son filtros incansables y rigurosos al mostrar las verdades de los poderosos y los tenebrosos entramados detrás de los hechos. Son una suerte de insobornable conciencia ética, tenaces en la defensa de la claridad y la franqueza. Sin embargo, esta condición de vigilancia es casi inexistente. Por eso, una táctica oscura e inmediata es aquella que somete o compra a los periodistas.
Claro, para que se dé esa tenebrosa sujeción se requiere de contubernio mutuo. Hay algunos que aceptan el pacto siniestro de proteger al dudoso funcionario en ciernes. Nadie vende su alma al diablo por generosidad. El mal requiere de almas dispuestas a transar. La moral se convierte en una operación de compraventa. Por eso, esta puesta -abundante en entusiasmo actoral y libre escenografía- enrostra la miseria de la clase política peruana tal como realmente es: un espejo de nuestros más profundos abismos éticos.
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Es una obra desternillante en la que el juego de espejos de improvisados gobernantes, súbitos sujetos de una máquina de aturdimiento y corrupción al cual se allanan con feliz indecencia. En esa perturbadora descomposición grupal, arrastran a todo el país, y este vicio inevitable conduce a la nación a precipicios inimaginables. Y no solo es la caída moral hacia el infinito sino que ese deterioro se vuelve la normalidad, la decadencia una virtud y la degeneración un curriculum vitae.
Cada escena es un resplandor cínico, un cuadro revelador del fraude de quienes gobiernan y de sus inescrupulosos encubridores. Una presidenta delirante, irreal, descarada en su bárbara versión de los hechos, cual huella violenta de lo que hemos llegado a ser como peruanos; un símbolo de nuestra derrota presente y casi la rendición colectiva ante el futuro.
Aunque cause risa hilarante, con punzante jocosidad, una vez más, la comedia sobre la política nacional es la confirmación del descalabro, de ese hundimiento doloroso del porvenir, del tristísimo fracaso de lo que pudimos ser.
Por eso, aunque haya algún torpe intento de redención, ya es demasiado tarde: no hay vuelta atrás en la ruina de la decencia, la destrucción de la rectitud y la pérdida de la integridad en las que hemos estado envueltos casi siempre.
Ficha:
Texto: Omar Velásquez
Dirección: Omarva y Daniela Ortega
Actúan: Abril Cárdenas y Omar Velásquez
Lugar: Ares Teatro, jirón Belisario Flores 185, Lince.