Lo suyo gravita entre el azar y el control. Entre la estructura impuesta y la libertad del gesto. Entre la geometría opresiva y la fluidez de los pigmentos. Porque Camila Rodrigo (Lima, 1987) no solo pinta: dialoga con la materia, con el tiempo y con sus propios recuerdos. Su muestra La forma resignificada no es solo un cambio estético, sino un intento por transformar la percepción que tiene de ciertos símbolos que la han acompañado desde la infancia.
Camila Rodrigo comenzó su serie pictórica con una exploración casi infantil: las rocas. Su fascinación por estas formas la llevó a reducirlas a geometrías precisas, exactas como ecuaciones. “Las figuras geométricas representan todas las exigencias de esta sociedad deshumanizadora”, explica. Sobre un fondo fluido y acuoso, esas estructuras rígidas devienen en metáforas de la lucha entre la norma impuesta y el deseo de una vida más libre y animal.
Agua de azar
En el taller, la artista deja que el agua y los pigmentos sigan sus propios caminos. “Me parece divertido pensar que esta manera de pintar es como mi idea de una vida ideal: libre, impredecible”, dice, mientras observa cómo el color se dispersa. Pero luego llega la fase opuesta: las formas geométricas. “Aquí me pongo anteojos, acerco la cara a 15 centímetros del lienzo y solo ruego terminar pronto”, confiesa.
Su formación en diseño gráfico y fotografía la llevó a planificar sus cuadros con precisión. Sin embargo, el proceso pictórico le ha enseñado a dejarse sorprender. “Siempre dibujo bocetos, pero al final, el agua decide”. La incertidumbre se convierte en aliada: los pigmentos se expanden, el secado transforma la imagen y la pintura toma vida propia.
De manera que, en cada trazo, el pigmento que fluye sin ataduras. Para que la artista, actualmente afincada en Chile, se reencuentre con la esencia de su propia búsqueda. Porque su pintura no es solo una técnica, es una manera de habitar el mundo, de desafiar la rigidez impuesta y abrir fisuras hacia la libertad.
Al resignificar la forma, lo hace también con su propia existencia redescubriendo en la mancha y el azar una verdad más honesta que la simetría. Y de esa manera hace que entre el agua, el color y la memoria emerja un lenguaje. Un diálogo con la naturaleza y sus ritmos. Una erosión controlada en busca de la belleza.
Lugar: La Galería
Inauguración: miércoles 9 de abril, 7.00 p.m.
Hasta: 10 de mayo.
Dirección: Conde de la Monclova 255 – San Isidro.
Horario: De lunes a viernes de 11 a 7 p.m. y sábados de 3 a 7 p.m.