Jan Hakon Erichsen: el artista que destruye objetos cotidianos y los convierte en arte

Por Marce Rosales | El artista noruego participa en la colectiva internacional "Con cuatro ojos, uno ve mejor que con dos" de Galería Enlace con una obra donde globos, spaghetti y objetos domésticos se convierten en pequeñas catástrofes visuales.

por marcerosalescordova@gmail.com
Jan Hakon Erichsen

En el trabajo de Jan Hakon Erichsen un globo puede convertirse en detonante, un paquete de spaghetti en materia prima y un utensilio doméstico en el inicio de una pequeña catástrofe. Sus videos —breves, absurdos, incómodos y extrañamente hipnóticos— parten de objetos corrientes para llevarlos a un punto de quiebre: los sacan de su función, los someten a mecanismos caseros de destrucción y los convierten en imágenes donde conviven el humor, la violencia y una rara precisión visual.

Esa lógica de desarme y extrañamiento forma parte de Con cuatro ojos, uno ve mejor que con dos, la colectiva internacional que presenta Galería Enlace y que reúne obras de artistas de Noruega, Francia y España. Aunque Erichsen no viajó a Lima, sus piezas sí entran en diálogo con el resto de la muestra desde un territorio singular: el de una obra que parece impulsada por el caos, pero que en realidad trabaja con la coreografía del accidente, la carga simbólica de los objetos cotidianos y la posibilidad de volver inquietante aquello que, en cualquier cocina o despensa, parecería inofensivo. En conversación con Caretas, el artista noruego habló sobre esa mezcla de humor y agresión, la potencia visual de destruir objetos comunes y el accidente real que le recordó que el peligro en su trabajo no era solo una ilusión.

“Los objetos cotidianos traen consigo muchas connotaciones”

Tus videos suelen provocar dos reacciones al mismo tiempo: risa e incomodidad. ¿Qué te interesa más, hacer reír, incomodar o sostener ambas reacciones a la vez?
Mientras provoque algún tipo de reacción, me doy por satisfecho. No pienso demasiado en cómo va a ser recibido algo cuando filmo mis videos. Es recién en la edición cuando empiezo a pensar que algo podría resultar inquietante o gracioso. Disfruto esas reacciones cuando aparecen, pero nunca las planeo de forma intencional.

Trabajas con objetos muy corrientes —globos, comida, utensilios de cocina, cosas casi desechables—. ¿Qué te dan los objetos cotidianos que no te darían materiales más “nobles” o tradicionalmente artísticos?
Los objetos cotidianos traen consigo muchas connotaciones con las que puedo jugar, y por alguna razón eso siempre me ha interesado. Si veo un tubo de pintura, pienso sobre todo en arte; si veo un paquete de spaghetti, pienso en la cena. Y, de algún modo, ese segundo mundo me resulta mucho más interesante para trabajar.

¿En qué momento entendiste que destruir un objeto también podía ser una forma de construir una imagen?
Uso la destrucción como método para hacer arte desde mis años de escuela. Si tomas algo que tiene una función útil y lo destruyes, también destruyes esa función, y en ese proceso puede aparecer un nuevo potencial.

“Siempre intento encontrar una buena mezcla entre lo claro y lo oscuro”

En tu trabajo hay algo lúdico y algo perturbador al mismo tiempo. ¿Te interesa conscientemente esa tensión entre humor y agresión?
Mi trabajo siempre ha tenido humor, pero antes era mucho más oscuro y el público no respondía de la misma manera. La primera vez que introduje un globo en mis videos sentí que había encontrado un mejor equilibrio: algo hizo clic de inmediato. Tener un objeto tan divertido como un globo volvió todo más interesante al instante, y desde entonces siempre intento encontrar una buena mezcla entre lo claro y lo oscuro.

Tus videos suelen parecer accidentes cuidadosamente coreografiados. ¿Alguna vez sufriste un accidente real mientras hacías una de estas piezas?
Sí, por desgracia tuve un accidente muy serio. Antes pensaba que solo trabajaba con la idea del peligro, y que en realidad todo lo que hacía era bastante seguro. Pero un día, mientras grababa un video, estaba haciendo equilibrio sobre una estructura y caí directamente sobre una escultura hecha con varios cientos de cuchillos. Me corté gravemente ambas manos al cubrirme la cara durante la caída, así que pudo haber sido mucho peor. Me recogió una ambulancia y tuve que pasar por una cirugía en la mano izquierda, además de recibir muchísimos puntos.

Si tu trabajo consiste en mirar objetos comunes hasta volverlos extraños, ¿qué crees que dice eso sobre la forma en que convivimos con los objetos hoy?
Pienso mucho en cómo ciertos objetos se vuelven casi invisibles en la vida diaria. Damos por sentadas las cosas de las que nos rodeamos. Yo intento encontrar un potencial todavía no explotado en esos objetos y, con suerte, hacer que algunas personas miren de otra manera el mundo que tienen alrededor.

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