Entre la Derecha Aristocrática y la DBA

por Fernando de la Flor Arbulú
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El 6 de junio de 1963, a página entera en el diario El Comercio, se publicó el aviso que ilustra esta columna. La acusación era bien simple: Fernando Belaúnde era comunista y no había que votar por él. Se invocaba a las madres de familia a no hacerlo para no perder a sus hijos; a los trabajadores, igualmente, para no quedarse sin empleo; a los católicos, lo mismo, porque la Iglesia iba a ser atacada; en fin, se pedía a todo el Perú a no optar por Belaúnde en las elecciones de 1963 porque el país iba a estar en peligro.

Han pasado 61 años de esa bochornosa publicidad. No es difícil deducir que el aviso fue financiado y publicado por la derecha más retrógrada de la época, aquella que no quería perder sus privilegios. Era la etapa de la República Aristocrática, encarnada en una derecha política que se resistía a cualquier idea de cambio.

El resultado electoral fue exactamente el inverso: Belaúnde ganó y gobernó como un perfecto demócrata, alejado absolutamente del comunismo; como lo hizo en su segundo mandato de 1980.

La torpeza con que la derecha actuó en el Perú en 1963, fue la misma que los sectores conservadores demostraron en Guatemala en 1954, cuando el presidente Jacobo Arbenz fue derrocado por un golpe militar organizado por la inteligencia americana; que es motivo de esa magnífica novela de nuestro Premio Nobel, Mario Vargas Llosa, “Tiempos recios”, en la que nos relata cómo se acusó a Arbenz de lo mismo: de ser comunista, cuando lo único que quería era llevar a cabo una reforma agraria que reordenara la tierra en su país. 

La presente reflexión no tiene otro propósito que llamar la atención acerca de la ineptitud de la derecha para entender los acontecimientos políticos. La simpleza del argumento lo dice todo: aquel que pide un cambio para el Perú (y vaya que los necesita) es inmediatamente tildado de comunista, o, para usar el léxico de moda, agente del socialismo del siglo XXI, reencarnación de Fidel Castro y Hugo Chávez. Por eso es que la derecha aristocrática del siglo pasado, ahora, es la popularmente calificada como DBA, derecha bruta y achorada.

Así como lo sugiere Vargas Llosa en su mencionada novela “Tiempos recios”, con la lucidez que lo caracteriza, América Latina, no solo Guatemala y el Perú, es decir, toda la región, sería otra cosa y estaríamos discutiendo cuestiones más importantes, si es que se hubieran llevado a cabo los cambios que exigen nuestros pueblos hace décadas.

No es necesario, en nuestro caso, recurrir a estadísticas sofisticadas, basta constatar la realidad: más del 80% de la gente es informal; nuestra niñez sufre de desnutrición crónica; hay poblaciones sin luz, agua y desagüe. Si los cambios para revertir esta penosa situación se hubieran hecho a tiempo, el Perú se hubiera ahorrado al régimen militar de Velasco, y a Sendero Luminoso.

Y ojalá Zavalita no siga preguntándose cuándo se jodió el Perú.

*Abogado y fundador del original Foro Democrático.

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