Por: EDUARDO BRUCE MONTES DE OCA*
Tras la renuncia de Verónika Mendoza a sus aspiraciones políticas, Vicente Alanoca, puneño y aymara, ha sido presentado formalmente como aspirante presidencial de Nuevo Perú por el Buen Vivir, movimiento político con fuerte base en la izquierda progresista, centrada en la identidad cultural andina, la justicia social y la propuesta del Buen Vivir. Voces del Pueblo, partido fundado por el congresista Guillermo Bermejo –de orientación de izquierda radical y con presencia en la agenda política nacional–, participa también en la alianza. Inicialmente, la coalición incluía a Unidad Popular, liderada por Duberlí Rodríguez, pero su inscripción fue rechazada por el JNE. Conviene, entonces, conocer quién es, qué ofrece y qué busca este candidato proveniente de la izquierda con fuertes raíces andinas.
¿Quién es?
Vicente Alanoca es licenciado en Antropología por la Universidad Nacional del Altiplano (UNA Puno), magíster en Lingüística Andina y Educación por la misma institución y doctor en Historia de América Latina y Mundos Indígenas por la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla). Se desempeña como docente de pregrado y posgrado en la UNA Puno, ha sido profesor visitante, integrante de comités editoriales y científicos, y es fundador de la Revista de Pensamiento Crítico Aymara. En investigación, es autor y coautor de libros y artículos sobre cultura aymara, justicia comunal, lenguas andinas y educación intercultural. Entre sus títulos más destacados figuran El Buen Vivir en la Cultura Aymara (2012), Movimiento Indígena Aymara (2011) y Conflictos Aymaras (2013), además de decenas de artículos académicos recientes.
Qué propone
Su propuesta política tiene como eje central la cosmovisión del Buen Vivir, articulando principios de justicia intercultural y un firme reconocimiento a los pueblos originarios. Plantea una nueva Constitución vía referéndum que garantice mayor inclusión de las comunidades y consolide un sistema de justicia con enfoque intercultural. En el ámbito económico, propone un modelo nacional, popular y sostenible que no sea puramente estatista, sino que combine la inversión privada con impacto social, transparencia y responsabilidad; además, impulsa la diversificación productiva, la formalización laboral y una educación técnica alineada con las necesidades del mercado. Desde una izquierda progresista con fuerte identidad cultural andina, defiende la soberanía nacional y una economía con responsabilidad social, buscando que el desarrollo se sustente en la equidad, la sostenibilidad y el respeto a la diversidad cultural.
El candidato del Buen Vivir
Alanoca define el Buen Vivir como un modelo de desarrollo que prioriza el equilibrio entre las personas, la comunidad y la naturaleza; promueve la equidad y la justicia social; integra saberes ancestrales con ciencia e innovación tecnológica; y busca construir un país “de todas las sangres”, donde el progreso no se mida solo en lo económico, sino también en el bienestar colectivo, la armonía social y el respeto a la Madre Tierra. El Buen Vivir es, sin duda, el eje político y existencial del candidato aymara. Sobre este tema ha escrito libros, incluso disponibles en Amazon (El Buen Vivir en la Cultura Aymara), y tan central es para él que su agrupación política lleva el nombre de Nuevo Perú por el Buen Vivir.
Es tentador adentrarse en esa cosmovisión, vinculada incluso con algunas filosofías orientales, pero para efectos políticos en el Perú actual resulta necesario compararla con la cosmovisión occidental que hoy predomina. La cosmovisión aymara concibe la vida como un equilibrio armónico entre el ser humano, la comunidad y la naturaleza –entendida como un ser vivo con el que se mantiene reciprocidad–. A diferencia de la visión occidental, que privilegia el dominio de la naturaleza, el tiempo lineal, la individualidad y el crecimiento económico ilimitado, la aymara valora el tiempo cíclico, la primacía de lo comunitario, la suficiencia, la redistribución y el conocimiento transmitido oralmente.
Allí surge el problema: puede haber compatibilidades, pero también diferencias profundas e insalvables. El modelo económico y político dominante en el Perú responde a la lógica occidental: progreso ilimitado, extractivismo, acumulación de capital, competitividad individual y visión de la naturaleza como recurso. Esto choca con la visión aymara, que concibe a la Madre Tierra como un ser vivo y rechaza su explotación ilimitada. También difieren en la concepción del tiempo (progreso lineal vs. ciclo vital), la propiedad (privada vs. comunal) y la toma de decisiones (centralizada vs. comunitaria).
El modelo del Buen Vivir contrasta fuertemente con la noción occidental de progreso, pues revaloriza la austeridad, la suficiencia, la reciprocidad y el respeto hacia la Madre Tierra, incluyendo a todos los seres vivos –sin exclusión– como parte de una misma red de vida.
El caso boliviano
Bolivia ya atravesó por este escenario. El gobierno de Evo Morales intentó adecuar el Estado a la visión aymara. En la nueva Constitución que impulsó, se aprobó el principio del “Buen Vivir”. El artículo 8 del Capítulo II establece: “El Estado se sustenta en los valores de (…) respeto, complementariedad, armonía, transparencia, equilibrio, igualdad de oportunidades, equidad social y de género en la participación, bienestar común, responsabilidad, justicia social, distribución y redistribución de los productos y bienes sociales, para vivir bien”. Fernando Huanacuni Mamani, político, intelectual y líder indígena boliviano de origen aymara, fue un activo difusor de esta filosofía, llegando a ser canciller de Evo Morales en 2017 y desempeñándose como agente de la diplomacia boliviana en la promoción del Buen Vivir.
Los resultados son claros: en el proceso electoral actual, son dos candidatos de derecha, con cosmovisión occidental, quienes tienen posibilidades reales; Evo Morales y sus allegados de ayer y hoy están fuera de carrera.
¿Podemos cambiar de modelo?
El candidato del Buen Vivir puede empaquetar o suavizar su propuesta todo lo que quiera, intentando quizá limar las aristas más filudas que su modelo político tiene frente al vigente modelo occidental. Podrá mimetizarse tomando la bandera –lícita, por cierto– de la crisis política peruana, pero no puede ni debe ocultar su intención de cambiar la escala de valores que, en costa, sierra y selva, funciona como motor de vida. El modelo de libre mercado y la búsqueda de la felicidad basada en las oportunidades de mejora que brinda nuestro sistema actual no pueden ser reemplazados. Esa filosofía bucólica, rural e idealista no es, ni nunca será, la vía para que el país alcance el desarrollo como nación. Sí podría, eso sí, ser un eje de vida para comunidades rurales que viven plenamente integradas con la tierra y la naturaleza, pero no es aplicable a un país como el nuestro, donde la gran mayoría de ciudadanos no tiene su destino ligado directamente a la naturaleza. Pero ese no es el caso de las grandes mayorías, no es el caso del Perú.
(*) El autor representa la Movement Health Foundation en el Perú