El petróleo volvió a quedar atrapado por la geopolítica. La guerra entre Estados Unidos e Irán amenaza una de las principales rutas mundiales de hidrocarburos, mientras el conflicto entre Rusia y Ucrania golpea refinerías e infraestructura energética. Menor oferta, mayores riesgos y costos logísticos elevan el precio del crudo y terminan trasladándose a los mercados.
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