En Hollywood, ganar más también podía tener un precio. Demi Moore lo supo en 1996, cuando su contrato para protagonizar Striptease la convirtió en la actriz mejor pagada de la industria. El récord económico, que pudo ser leído como una conquista profesional, terminó acompañado de una intensa exposición pública alrededor de su cuerpo, su personaje y la decisión de aceptar aquel papel.
Casi tres décadas después, Moore volvió sobre ese episodio durante la ceremonia Inspiration Awards de Step Up, celebrada el 25 de septiembre en Los Ángeles. Lo hizo sin presentar aquella negociación como una batalla, sino como una pregunta que todavía conserva vigencia.
“¿Por qué no debería recibir lo que merezco?”, recordó la actriz, al explicar que simplemente se preguntó por qué no podía aspirar a una remuneración acorde con su trabajo.
El costo de un récord
Dirigida por Andrew Bergman, Striptease presentó a Moore como Erin Grant, una exsecretaria del FBI que comienza a trabajar como bailarina erótica para reunir dinero y recuperar la custodia de su hija.
La película exigió a la actriz una exposición física que alimentó buena parte de la conversación alrededor del estreno. Pero el verdadero ruido comenzó también fuera de la pantalla: el millonario pago que recibió convirtió su salario en un asunto público y añadió otra capa de escrutinio a una película que ya despertaba controversia.
La recepción fue especialmente dura. Striptease recibió varios Golden Raspberry Awards, entre ellos los de peor película, peor actriz para Moore y peor director. El fracaso crítico terminó opacando el hecho de que, detrás de aquella producción, había una actriz que había conseguido negociar una cifra que hasta entonces parecía reservada para las grandes estrellas masculinas.
Años después, Moore explicó que la reacción llegó a hacerla sentir como si hubiera cometido una falta. “Con Striptease, fue como si hubiera traicionado a las mujeres”, recordó en 2024. “Fui tremendamente avergonzada”, añadió.
Una película que quedó en la memoria
El episodio no desapareció con el paso de los años. Para Moore, Striptease quedó asociada no solo a una de las etapas más expuestas de su carrera, sino también a una época en la que las decisiones de las mujeres sobre su propio cuerpo podían convertirse rápidamente en un juicio colectivo.
La actriz también ha hablado sobre la presión que Hollywood ejerce sobre las mujeres y sobre la manera en que la edad modifica la percepción que la industria tiene de ellas. En ese contexto, aquel capítulo de los noventa adquiere una lectura distinta: el salario que alguna vez fue utilizado para cuestionarla también representó un cambio en las reglas económicas de una industria acostumbrada a pagar de manera diferente a sus protagonistas.
Hoy, Moore observa aquella etapa desde otra orilla de su carrera. Su nominación al Oscar por La sustancia volvió a colocarla en el centro de la conversación cinematográfica, décadas después de aquel papel que la convirtió, al mismo tiempo, en récord y en blanco.
El tiempo ha cambiado la lectura de Striptease. El contrato sigue siendo parte de la historia de Hollywood; el escarnio, también. Pero Moore ya no habla de aquella experiencia desde la vergüenza, sino desde la distancia de quien sabe cuánto costó ocupar un lugar que antes parecía imposible.