Durante sus primeras semanas en Palacio, Keiko Fujimori pareció haber logrado algo que durante años se consideró improbable: transformar una victoria electoral agónica en un comienzo auspicioso. Había ganado la presidencia por apenas 49 641 votos y recibido un país partido prácticamente por la mitad. Sin embargo, a comienzos de agosto, el 57 % de los peruanos aprobaba su gestión y solo el 25 % la desaprobaba. Datum incluso le atribuía un respaldo del 60 %. Era la breve luna de miel de una presidenta que ofrecía orden, autoridad y protección frente a la delincuencia.
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