Los candidatos llenarán calles, afiches y pantallas, pero no entrarán con su rostro a la cámara secreta. El 4 de octubre, más de 26 millones de electores encontrarán una cédula en la que la imagen cede su lugar al nombre y al símbolo. En una elección de miles de candidaturas, recordar quién es quién será parte del voto. Y esa memoria será puesta a prueba cuando la puerta se cierre. Afuera quedarán los rostros; adentro, la decisión.
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