En su casa familiar, Orlando Grosman, tenían un cuadro de gran formato del maestro Macedonio de la Torre que el entonces niño, enigmáticamente pasaba mirando durante largas horas. También en casa vivía una tía aficionada a la pintura. Su familia cuenta que, a los cuatro años, el pequeño Alfredo Rolando Grosman entró al cuarto de la tía, tomó óleo e hizo en papel su primer dibujo abstracto (que aún conserva), el cual hoy resulta sorprendente para alguien de tan corta edad por sus colores y textura.
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